Una ‘familia’ donde crecer en edad, sabiduría y gracia
La formación humana y espiritual, pilar del colegio-seminario de Rozas (Getafe)
(Texto: María Gómez- Fotos: Luis Medina) Cuando el hijo de Rosa Pulido planteó en casa que quería ir al seminario (tenía entonces 12 años) no le hicieron mucho caso. Un cambio de colegio era un trastorno para la familia y, simplemente, no entraba en sus planes. Pero él estaba decidido, así que se presentó a las pruebas de ingreso, fue aceptado y ya lleva cinco años en el Colegio-Seminario de Rozas, centro situado en Rozas de Puerto Real (Madrid) y perteneciente a la Diócesis de Getafe. Estudia 4º de la ESO y “está abierto a ser sacerdote, pero todavía está discerniendo. Aún no tiene nada claro”, cuenta Rosa a Vida Nueva.

(Victoria Lara) Los primeros años del siglo XVII estuvieron caracterizados por una fuerte crisis social marcada por la pobreza, el hambre y las guerras. En medio de ese contexto, san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac atendían a los pobres en las calles de París y sus alrededores. Esas primeras redes de colaboración y grupos de ayuda dieron lugar al nacimiento de una organización laical, la Asociación Internacional de Caridad (AIC), y de una sociedad de vida apostólica, la Congregación de la Misión, ambas fundadas por san Vicente. Un poco más tarde, junto a santa Luisa, creaba la Compañía de las Hijas de la Caridad, la rama consagrada femenina. Hoy en día, y de nuevo en medio de una fuerte crisis a nivel mundial, la Familia Vicenciana (FV) sigue atendiendo a los más necesitados, aunque sus carencias, en algunos casos, sean distintas a las de aquéllos.
(Enrique Abad) Hace 50 años, un canónigo de Zaragoza se percató de una necesidad: la ciudad se expandía por el éxodo rural, un nuevo barrio estaba naciendo en la margen derecha del Ebro. Junto a las huertas comenzaron a construirse casas. Ese canónigo, D. Julián Matute, se dio cuenta de que no había ningún centro educativo para los niños que llegaban al barrio de Las Fuentes, que acogió al personal del tranvía y a quienes emigraban del campo a la ciudad en busca de una vida mejor. Lo que comenzó como una guardería para que las madres pudieran dejar a los más pequeños e ir a trabajar, fue creciendo hasta adquirir proporciones titánicas.
(Texto y fotos: Juan Ignacio Cortés) San Juan Casiano es una de las 68 parroquias de la Iglesia Ortodoxa Rumana que funcionan en España. Cerca de un millar de los aproximadamente 5.500 rumanos censados en la ciudad de Guadalajara participan en la vida de la parroquia, encomendada al padre Emilien Geabana desde su fundación, hace poco más de un año. Ante la necesidad de un lugar para reunirse y celebrar sus ceremonias religiosas, acudieron a la Diócesis, que les cedió una sala en la Casa Nazaret de Acción Social. Ecumenismo llevado a la práctica.
(Texto: Javier F. Martín. Fotos: Pedro Andrés Miguel) La comunidad de San Luis, en el Vicariato Apostólico de El Petén, se arremolinó en el atrio del templo. Entre todos conformaban una intrépida mezcla de razas y culturas, de indígenas y ladinos, de historias personales y colectivas, a la espera de aquello que anhelaban. Después de varios años sin sacerdote, un misionero norteamericano de Maryknoll llegaba para hacerse con las riendas pastorales de la parroquia. Volvían a tener padrecito. La lógica señalaba que el sacerdote dirigiría sus primeras palabras a todos y cada uno de los que allí estaban. Sin embargo, el nuevo párroco lo primero que hizo fue preguntar por Flavio. Las bienvenidas, los proyectos, las inquietudes vendrían después. Lo primero, preguntar por Flavio. “¿Quién es Flavio?”, soltó rápido, ansioso. Silencio. Guatemala vivía una guerra cuyas consecuencias, todavía hoy, casi quince años después de la firma de la paz, humean. El miedo estaba allí, entre ladinos e indígenas. Pero también estaba Flavio.
(Glòria Carrizosa) Llevo siempre en el corazón al pueblo de Lunsar y Mabesseneh. Por motivos de salud tuve que dejar definitivamente Sierra Leona en 2002, pero no hay un solo día que no piense en ellos”. El misionero Fernando Aguiló (Mallorca, 1950) ha seguido implicado, de distinta forma, pero siempre con el mismo objetivo: ayudar al pueblo de Sierra Leona. Ahora encabeza un proyecto de cooperación entre el hospital de San Juan de Dios de Esplugues de Llobregat (Barcelona) –donde reside– y el Saint John of God de Lunsar, en el área de pediatría; cuenta, además, con la colaboración del hospital de Althaia en Manresa para el material de quirófano, y con Farma Mundi, que impulsa un programa de atención a la mujer gestante.
(Texto y fotos: Glòria Carrizosa) Hace 16 años entrevisté al cardenal Paul Poupard, entonces presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, durante una breve estancia en Barcelona para inaugurar un nuevo curso de la Fundación Joan Maragall. Poupard se sentía interpelado ante el aumento de los no creyentes en Europa, e insistía en la necesidad de buscar nuevas fórmulas para hablar de Dios y transmitir la fe en Cristo a la sociedad. Desde hace 20 años, ésta es la preocupación de la Fundación Joan Maragall, que fue creada por el cardenal arzobispo de Barcelona, Narcís Jubany, con una visión inequívocamente cristiana, dispuesta a dialogar desde su propia identidad, con la intención de inculturarse en la sociedad contemporánea y, específicamente, en la cultura catalana.
(Carme Escales) El pasado 31 de octubre, la sala Barcelona 92, un gran espacio polideportivo anexo al Palau Sant Jordi de Barcelona, se transformó en templo. El cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, presidía en el improvisado lugar de culto una eucaristía muy especial. Su bendición cerraba la 12ª reunión de fin de semana de parejas de España y Portugal involucradas en el Encuentro Matrimonial (EM), un movimiento cuyo origen se remonta a los años 50, a las conferencias que el padre Gabriel Calvo ofrecía a matrimonios adscritos al Movimiento Familiar Cristiano, en Barcelona. En ellas, el sacerdote lanzaba a las parejas sugerentes cuestiones acerca de su compromiso.









