Hay un lugar llamado Hacienda de la Esperanza
El centro de Verapaz (Guatemala) acoge a jóvenes drogadictos en rehabilitación
(Texto y fotos: Javier F. Martín) “Siempre hay que agarrar al lector por el cuello en el primer párrafo, hundirle los pulgares en la tráquea en el segundo, y mantenerlo entre la espada y la pared hasta la última línea”. Esta frase, de Paul O’Neil, es una de esas afirmaciones que los estudiantes de Periodismo deberían grabar en sus carpetas para leerla todos los días y no dejar de pensar en ella cuando ejerzan la profesión.

(Pablo Romo Cedano- México DF) “La situación de inseguridad y violencia que vive México exige una respuesta urgente e inaplazable de la misión evangelizadora de la Iglesia”, señalan los obispos de ese país, que acaban de presentar una amplia exhortación pastoral sobre la violencia y la construcción de la paz.
(J. Vázquez Allegue- Fotos: J. F. Serrano Granados) El cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, fue uno de los participantes en el
(Glòria Carrizosa) Llevo siempre en el corazón al pueblo de Lunsar y Mabesseneh. Por motivos de salud tuve que dejar definitivamente Sierra Leona en 2002, pero no hay un solo día que no piense en ellos”. El misionero Fernando Aguiló (Mallorca, 1950) ha seguido implicado, de distinta forma, pero siempre con el mismo objetivo: ayudar al pueblo de Sierra Leona. Ahora encabeza un proyecto de cooperación entre el hospital de San Juan de Dios de Esplugues de Llobregat (Barcelona) –donde reside– y el Saint John of God de Lunsar, en el área de pediatría; cuenta, además, con la colaboración del hospital de Althaia en Manresa para el material de quirófano, y con Farma Mundi, que impulsa un programa de atención a la mujer gestante.
Martin Maier, SJ- Redactor jefe de la revista Stimmen der Zeit y autor del libro Óscar Romero. Mística y lucha por la justicia (Herder Editorial)
(Texto: María Gómez- Fotos: Luis Medina) Cuando el hijo de Rosa Pulido planteó en casa que quería ir al seminario (tenía entonces 12 años) no le hicieron mucho caso. Un cambio de colegio era un trastorno para la familia y, simplemente, no entraba en sus planes. Pero él estaba decidido, así que se presentó a las pruebas de ingreso, fue aceptado y ya lleva cinco años en el Colegio-Seminario de Rozas, centro situado en Rozas de Puerto Real (Madrid) y perteneciente a la Diócesis de Getafe. Estudia 4º de la ESO y “está abierto a ser sacerdote, pero todavía está discerniendo. Aún no tiene nada claro”, cuenta Rosa a Vida Nueva.
(Jaime Vázquez Allegue- Granada) La Cátedra Andaluza para el Diálogo de las Religiones, de la Facultad de Teología de Granada, celebró, del 10 al 12 de febrero, el II Congreso de Teología dedicado a reflexionar sobre el diálogo entre el cristianismo y el mundo musulmán, utilizando a la modernidad como escenario para un encuentro basado en el respeto, la tolerancia y el diálogo.
(Victoria Lara) Los primeros años del siglo XVII estuvieron caracterizados por una fuerte crisis social marcada por la pobreza, el hambre y las guerras. En medio de ese contexto, san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac atendían a los pobres en las calles de París y sus alrededores. Esas primeras redes de colaboración y grupos de ayuda dieron lugar al nacimiento de una organización laical, la Asociación Internacional de Caridad (AIC), y de una sociedad de vida apostólica, la Congregación de la Misión, ambas fundadas por san Vicente. Un poco más tarde, junto a santa Luisa, creaba la Compañía de las Hijas de la Caridad, la rama consagrada femenina. Hoy en día, y de nuevo en medio de una fuerte crisis a nivel mundial, la Familia Vicenciana (FV) sigue atendiendo a los más necesitados, aunque sus carencias, en algunos casos, sean distintas a las de aquéllos.
(Enrique Abad) Hace 50 años, un canónigo de Zaragoza se percató de una necesidad: la ciudad se expandía por el éxodo rural, un nuevo barrio estaba naciendo en la margen derecha del Ebro. Junto a las huertas comenzaron a construirse casas. Ese canónigo, D. Julián Matute, se dio cuenta de que no había ningún centro educativo para los niños que llegaban al barrio de Las Fuentes, que acogió al personal del tranvía y a quienes emigraban del campo a la ciudad en busca de una vida mejor. Lo que comenzó como una guardería para que las madres pudieran dejar a los más pequeños e ir a trabajar, fue creciendo hasta adquirir proporciones titánicas.









