El silencio de los obispos
JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | La crisis avanza rauda con su virulencia, dejando un campo de desempleados y de familias sin recursos que llega a ser alarmante. Las lágrimas son el pan de muchos hogares, y los jóvenes pasean sus fantasmas por las calles, buscando a dónde ir y escapar. La situación a pie de calle es más triste de lo que parece y pocos vislumbran una salida a corto plazo.Este pueblo está perdiendo la imaginación, la sonrisa y la esperanza, y ya empiezan a detectarse los estragos de la crisis.


















