Javier López: “La pastoral vocacional es presencia y cercanía”
Postulante de La Salle
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Este leonés de 37 años tiene las cosas claras. Bueno, hasta donde se puede. Andar por los caminos de Dios siempre tiene incertidumbre. Se define como “normal y corriente”. Valora la vida, la amistad y, sobre todo, cómo Jesús ensanchó su corazón. Conoce el mundo laboral y la “tensión por medrar”… hasta que se encontró con su sitio. Lo dicho: normal y corriente, pero feliz… y sensato.

(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Sor Catalina es monja del único monasterio de vida contemplativa de Ibiza. La comunidad de monjas Canonesas Regulares de San Agustín está constituida por nueve hermanas: siete filipinas y dos ibicencas, hermanas de sangre: una de ellas es sor Catalina. La llamada de Dios siempre es sorprendente. Una mujer que cuida de su familia numerosa, fiel esposa, trabajadora en el campo y los últimos nueve años siéndolo todo para su marido, enfermo de alzheimer, es una preparación muy especial para la vida monástica.
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Hay muchas maneras de abordar la vida consagrada. La experiencia irreversible de misión compartida en la que está empeñada toda la Iglesia nos invita a escucharnos y a crecer desde la pluralidad. Mª Cruz Miquel es seglar. Profesora de Bachiller, madre de familia y esposa de Francisco. Con él y tres hermanos de La Salle nos ofrece su experiencia de comunidad. Es su particular forma de ser y hacer Iglesia, en una intuición que ya dura ocho años.
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) La de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados es una familia religiosa especial. Están donde nadie está y con quien nadie está. Ancianos faltos de cariño llenan sus claustros. Para ellos y ellas, las Hermanitas son el corazón de una vida que tiene sentido, a pesar de haber llegado a esa edad de la que nuestra sociedad huye. Puedes visitar cualquier hogar de esta congregación y tendrás la misma sensación. Fuerte presencia de lo religioso, ritmo de vida bien organizado… Casi son idénticos, sea en la casa fundacional de Valencia, o en la de Puerto Rico, donde hoy nos encontramos. En la primera celebración, hay algo que llama la atención. Sentado en su silla de ruedas, sobresale un atuendo especial. Se trata de un pope ortodoxo. Está participando de la celebración eucarística, está viviendo la comunión.
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Los novicios son el libro blanco de la vida consagrada del siglo XXI. Espontáneos, alegres, jóvenes… Hay gente que se embarca en esta aventura hoy. Resulta tan curioso que casi es noticia. Ellos y ellas ven su vida, sin embargo, como lo más normal. Reflexionan abiertamente sobre un valor esencial de este estilo de vivir: la comunidad. No se hacen problema de llevar hábito o no; de hecho, se lo ponen en momentos puntuales. Les resulta gracioso que algunos hablen de la vida consagrada por cómo viste. Felizmente, les falta retórica y hablan con emoción de lo que creen. Así se expresan:
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Las nueve de la noche. Calle céntrica de Madrid. Una veintena de mujeres se abrigan. No salen de clase, sino que salen de casa, justamente cuando otros llegan de sus trabajos. Van a velar. Pasan la noche al lado de los enfermos, de los que no pueden pagar. Son religiosas. Mujeres de la noche… “ángeles” al lado del dolor. Ascensión despide a cada una. Algunas son muy jóvenes. Hace frío, pero se ve alegría en sus caras. Cada día se repite esta escena… y cada noche se extiende un poco más el Evangelio.
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) La pregunta de Emaús sigue siendo pertinente. Leemos todos los acontecimientos a la luz de la Pascua. También aquéllos que son desconcertantes. La Vida Consagrada es vida en esperanza y para la esperanza. Quizá por ello, algunas veces está a merced de algunas noticias que consiguen cambiar nuestro diálogo, mientras hacemos camino.
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) A punto de cumplirse un mes del terrible terremoto que ha desolado Haití, aparecen con voracidad las consecuencias del mal: hambre, desorden y caos. Es el grito de la necesidad que pide a la Vida Consagrada estar ligera de equipaje.
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Héctor es un buen amigo, además de hermano de congregación y buen misionero. Es superior mayor de su organismo. Un grupo pequeño de claretianos en las Antillas. Está al final de su servicio como superior de la delegación… Creo que ni en sus noches más oscuras se imaginó lo que podía ocurrir en Haití… Va enviando noticias o, mejor, reflexiones de urgencia. Va viviendo, pensando, orando y actuando con vértigo. En sus correos se nota que faltan palabras y no acaba de concebir la tragedia… Pero lo cierto es que sus textos hablan en síntesis de desolación, hambre, debilidad y muerte…
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Es un apasionado de la vida. Habla con emoción de los consagrados, que, en su diócesis, han dejado todo para hacer camino con los pobres, los alejados, los que no dan nombre ni prestigio. Merece la pena conocer a este creyente de orígenes humildes, a este jesuita y, desde 2004, arzobispo de Huancayo.









