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	<title>Vida Nueva &#187; Editoriales</title>
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		<title>EDITORIAL DE LA SEMANA</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 08:14:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La esperanza, antídoto contra el catastrofismo
Es una irresponsabilidad jugar al catastrofismo. No ayuda el simple relato de los males que nos afligen. No es bueno insistir en el retrato de una España desastrosa: una sociedad de parados, que mata a inocentes, que administra justicia según el color del partido en el poder, que viola pactos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><span style="color: #000000;">La esperanza, antídoto contra el catastrofismo</span></h2>
<p>Es una irresponsabilidad jugar al catastrofismo. No ayuda el simple relato de los males que nos afligen. No es bueno insistir en el retrato de una España desastrosa: una sociedad de parados, que mata a inocentes, que administra justicia según el color del partido en el poder, que viola pactos, que fomenta el odio, que impide el ejercicio de la religión, que destruye la inocencia de los pequeños, que azuza pasiones a los jóvenes, que instrumentaliza la escuela, que remueve las estructuras básicas de la sociedad. No es bueno tanto diagnóstico subjetivo e injusto. También hay cosas buenas, y muy buenas que, a la par, deberían decirse. Cuidar el lenguaje es ayudar a la esperanza. Es verdad que estamos en Cuaresma y que reconocer el pecado propio es el principio de la conversión. Pero también es verdad que la Cuaresma es un paso a la Pascua. En la escena del hijo pródigo, el protagonista no es el hijo alejado, habitante de una tierra esquilmada, “decadente y enferma”. Tampoco el protagonista es el hijo que se quedó en la casa, camuflado en bondades y arrullado por envidias. El protagonista es el Amor de Dios, capaz de tumbar el pulso a uno y a otro hijo. Al que se fue y al que se queda. La parábola debería llamarse del Padre Misericordioso. No es tiempo sólo de mirar la herida, sino de mirar la luz que la cura.</p>
<p><em>Vida Nueva</em> ofrece hoy un modelo de cómo la Iglesia, en este caso la de México, desea ayudar a una sociedad atravesada por una violencia que, como dicen, “envenena el alma” de sus miembros. Y lo hacen con palabras llenas de sentido para que los corazones cambien y se conviertan. En la exhortación pastoral que han presentado los obispos late la esperanza y se respira un aire de colaboración y de reconciliación. No es un mensaje que acuse solamente con radiografías catastrofistas en la mano. Es un mensaje de alivio para los cristianos y gentes de buena voluntad.</p>
<p>La tentación del catastrofismo está llegando a nuestro solar hispano. No nos debemos dejar atrapar. Estamos en el mundo con una misión sanadora, con un mensaje de esperanza. El nuevo obispo de Guadix, <strong>Ginés García</strong>, lo expresaba de forma bella la semana pasada, en la ceremonia de su consagración episcopal: “Hace años, descubrí en la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, un altorrelieve que muestra a un pastor rescatando a una oveja atrapada entre las zarzas; su cuerpo expresa la tensión del empeño; con una mano se agarra a una roca; con la otra busca la liberación de la oveja de su grey; y junto a la imagen, una inscripción en lengua latina: <em>Salvare quod perierat</em> –“salvar lo que estaba perdido”–. Comprendí lo que tenía que ser la misión de los pastores en la Iglesia: agarrados fuertemente a Cristo, extender los brazos para salvar a las ovejas que el Señor ponía bajo su cuidado, arriesgar para ganar para Cristo a muchos hombres y mujeres; ser transparencia de su presencia entre nosotros, gastarse y desgastarse por la salvación de las almas, misión y fin de la Iglesia, y por tanto, del ministerio pastoral”.</p>
<p>En México o en España, siempre el mismo mensaje de esperanza. Sin negar realidades, hay que abrir los ojos a la gracia y al amor.</p>
<p>Publicado en el nº 2.698 de <em>Vida Nueva</em> (del 6 al 12 de marzo de 2010).</p>
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		<title>¿No tiene nada que aportar la Iglesia?</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 07:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>

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		<description><![CDATA[Es hora de sumar esfuerzos, dialogar sobre propuestas, dejar encerrados los partidismos y lanzarse a proyectos comunes en España. Los datos que se van ofreciendo en diversos ámbitos de la vida pública, como es el caso de la situación económica y de la reforma educativa, exigen de todos una apuesta común, un consenso, un deseo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es hora de sumar esfuerzos, dialogar sobre propuestas, dejar encerrados los partidismos y lanzarse a proyectos comunes en España. Los datos que se van ofreciendo en diversos ámbitos de la vida pública, como es el caso de la situación económica y de la reforma educativa, exigen de todos una apuesta común, un consenso, un deseo de acuerdo.</p>
<p>El pacto, ese difícil arte de la política, ha de hacerse no sólo para conformar mayorías parlamentarias, sino también para sacar del atolladero situaciones enquistadas. Es necesario un pacto en economía; un pacto capaz de unir fuerzas e ideas y devolver confianza al ciudadano. Es eso lo que espera de sus políticos. Menos luchas verbales y más diálogo sobre los grandes problemas que afectan a sus vidas diarias. La clase política española se juega mucho en esto. Y la misma vocación política saldría beneficiada con una actitud de pacto y acuerdo. En la economía, tan lacerada por la crisis económica y con datos ensombrecedores en el horizonte, pero también en la educación. Un pacto escolar, un pacto por la educación podrá sacarnos del laberinto en el que se haya el ámbito educativo y que derivará en consecuencias deplorables, de no remediarlo a tiempo. A grandes problemas, grandes soluciones. Ha sonado la hora del acuerdo. Ha sonado la hora de abandonar el <em>trincherismo</em> y el enfrentamiento del que la ciudadanía muestra ya cierto hartazgo cuando cada día lo contempla en los medios de comunicación de masas, convertidos, a veces, en grandes escaparates de la diatriba, la lucha y el enfrentamiento, con ausencia de debate serio y de propuestas operativas para salir de la situación.</p>
<p>Y en este momento, la Iglesia no puede estar callada, no debe estar callada, y su voz, además de devolver la esperanza, debe ofrecer aliento para todo aquello que beneficie al bien común. No es injerencia política, sino participación libre, consciente y activa en todo aquello que afecta a la sociedad y, especialmente, a la más desprotegida. La voz de la Iglesia, que no debe renunciar a mostrarse valiente en los temas morales, no puede callar ante los temas sociales, laborales, económicos. Una voz que tiene claves importantes en la Doctrina Social y en el magisterio pontificio.</p>
<p>Es hora de devolver a la Iglesia también esa labor mediadora, pacificadora, hacedora de concordia que tanto reconocimiento (hoy en buena parte perdido) le valió durante la Transición. Cuando el ciudadano, que también es cristiano y se siente Iglesia, ve a sus pastores sólo en otros campos, queda decepcionado y les pide una palabra de aliento, de esperanza y una posición capaz de hacer valer su autoridad moral en la cosa pública.</p>
<p>La Iglesia debe estar allá donde el pacto y el acuerdo sean la clara voluntad de futuro, y debe siempre potenciar todo aquello que ayude a salir del laberito. “Soy hombre y nada humano considero ajeno”. Y la Iglesia tampoco es ajena a las preocupaciones de los ciudadanos. Colaborar para hacer una sociedad más dialogante, con grandes propuestas y que abra caminos de futuro es misión ineludible de los discípulos del Señor. Hace falta más proposición y menos condena.</p>
<p>Publicado en el nº 2.697 de <em>Vida Nueva</em> (del 27 de febrero al 5 de marzo de 2010).</p>
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		<title>Reconocer la culpa y mirar al futuro</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 08:26:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2.696 de Vida Nueva (del 20 al 26 de febrero de 2010).
Tres verbos fundamentales han marcado los encuentros de Benedicto XVI con los obispos irlandeses en relación con el escándalo de los abusos sexuales a menores por parte del clero: arrepentimiento, renovación y reconciliación.
El escándalo fue puesto de manifiesto en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2.696 de <em>Vida Nueva</em> (del 20 al 26 de febrero de 2010).</p>
<p><span id="more-30261"></span>Tres verbos fundamentales han marcado los encuentros de <strong>Benedicto XVI</strong> con los obispos irlandeses en relación con el escándalo de los abusos sexuales a menores por parte del clero: arrepentimiento, renovación y reconciliación.</p>
<p>El escándalo fue puesto de manifiesto en el Informe Ryan, en el que se detallaban los abusos que habían sufrido muchos niños que estudiaron en escuelas e internados regidos por órdenes religiosas. Meses más tarde, el Informe Murphy trataba igualmente de los delitos cometidos por sacerdotes acusados de haber abusado de menores entre los años 1975 y 2004. Su contenido desató las alarmas en la Iglesia, que ha visto en estos hechos una ocasión para el perdón, la renovación y la reconciliación.</p>
<p>El arrepentimiento ha de ser la premisa. Es necesario que no sólo cada uno de los acusados lo haga y manifieste, sino que también la misma Iglesia debe entonar el <em>mea culpa</em> y reconocer el pecado grave, el delito atroz y la infamia consentida. Es la dinámica que <strong>Juan Pablo II</strong> inició cuando no le dolieron prendas en reconocer públicamente los pecados de la Iglesia y pedir perdón por ellos, dando así un ejemplo a otras instituciones reacias a reconocer sus desvaríos.</p>
<p>Pero, además, renovación en el seno de la vida de la Iglesia irlandesa y en aquellas otras que se han visto zarandeadas por el escándalo. Es el momento de una renovación profunda en la vida religiosa y en el prebisterio diocesano, para que se cuide con esmero la formación afectiva en los seminarios y casas de formación, y se dispongan medios adecuados para una mayor atención y control de estas situaciones, particularmente las que afectan a menores. La renovación de la vida de la Iglesia nace de lo más hondo del pecado, y es en el lodo y en la injusticia desde donde ha de resurgir un modelo nuevo de ministerio consagrado, desde el respeto profundo a la dignidad humana, especialmente la de los débiles, como es el caso de los niños.</p>
<p>Y una reconciliación. La Iglesia debe en estas situaciones servir de instrumento de reconciliación, ayudando a la justicia sin ocultar los casos –como se ha venido haciendo en ocasiones– de forma escandalosa. Debe apoyar el programa de atención a las víctimas, desde lo económico a lo psicológico. Una reconciliación que nace de la justicia y que ha de llevar a todos a mirar hacia adelante, limpiando el pasado y reconstruyendo el futuro con esperanza y realismo.</p>
<p>El camino se presenta largo, y no sólo en Irlanda. También en los Estados Unidos, en donde la Iglesia se ha visto señalada también por esta situación, o recientemente en Alemania. En otros países se va abriendo la veda y la limpieza del tumor está siendo el primer paso para la recuperación del tejido eclesial y la credibilidad del mensaje de Jesús. <strong>Benedicto XVI</strong> ha abierto en su magisterio un espacio para condenar estos execrables delitos, declarando la tolerancia cero, apoyando a las víctimas y sancionando a los culpables. Es fundamental el apoyo a los obispos de estas Iglesias para que no pierdan la esperanza en los momentos en que han de remar con tormentas.</p>
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		<title>Una Cuaresma para la justicia</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 07:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2.695 de Vida Nueva (del 13 al 19 de febrero de 2010).
La Cuaresma es una ocasión para volver a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación”. Es el deseo de Benedicto XVI en su carta con motivo de la Cuaresma de este año. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2.695 de <em>Vida Nueva</em> (del 13 al 19 de febrero de 2010).</p>
<p><span id="more-29768"></span>La Cuaresma es una ocasión para volver a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación”. Es el deseo de <strong>Benedicto XVI</strong> en su carta con motivo de la Cuaresma de este año. El acento del mensaje papal está en esta dimensión: “La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo”, tomado de la Carta a los Romanos. Dar a cada uno lo suyo, en el sentido tradicional de la palabra, es el fin de toda justicia, pero también, señala el Papa, “además del pan y más que el pan, el hombre necesita a Dios”. Advierte, además, que las ideologías modernas remarcan que la injusticia nace del exterior y que, para eliminarla, hay que arrancar sus causas externas. Insiste el Pontífice en sus raíces internas, las que tienen su origen en el corazón, “donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal”. Desde este presupuesto, <strong>Joseph Ratzinger</strong> invita al cristiano, con motivo de este tiempo que ahora comienza, a “contribuir a la formación de una sociedad justa, donde todos reciban lo necesario para seguir su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor”.</p>
<p>Un mensaje clarificador en momentos de crisis como los que vive la humanidad. El acento del Papa en la necesaria distribución de la riqueza tiene connotaciones más profundas que las coyunturales. Es una mirada más intensa, a la que el cristiano no se puede sustraer y ante la que no puede cerrar los ojos. Esta Cuaresma nos acerca el hondo misterio de la misericordia de Dios, que derrama su justicia sobre buenos y malos.</p>
<p>Una Cuaresma más para prepararnos para la Pascua, al paso liberador del Señor <strong>Jesús</strong>, pero no una Cuaresma centrada sólo en los sacrificios externos y en los ritos vacíos, sino una Cuaresma de compromiso personal que nos lleve a una profunda conversión de actitudes, un cambio radical en nuestra manera de ser, de estar, de compartir, de servir. Y, desde ahí, un profundo cambio y conversión en el exterior, incluso en la imagen que damos como cristianos y como Iglesia. Un testimonio de pueblo que camina en continua conversión, como luz y guía en la oscuridad de la Historia.</p>
<p>Un compromiso el que cada Cuaresma nos plantea para estar atentos y vigilantes y poder introducir en los cimientos mismos de la sociedad criterios evangélicos que saquen del corazón de los hombres el mal que nos impide ser justos. Es un momento para que, desde dentro, sirvamos a la verdad, no quedándonos en lo superficial, sino calando en la necesaria conversión del corazón de la humanidad. Una Cuaresma que tiene su fruto más personal, pero que no debe olvidar su lado social, público, de testimonio en estos tiempos en los que la crisis ha puesto contra las cuerdas a muchos sistemas que no han mirado al interior de las personas y han buscado la solución de los problemas, generando, a veces, otros problemas más grandes. Sólo un corazón abierto al otro y a la trascendencia es capaz de generar una dinámica de justicia y de paz entre los hombres y mujeres de buena voluntad. Cuaresma, una oportunidad para renovar nuestro corazón dañado por la injusticia.</p>
<p>Publicado en el nº 2.695 de <em>Vida Nueva</em> (del 13 al 19 de febrero de 2010).</p>
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		<title>Participación política, pero sin partidos</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 13:29:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2.694 de Vida Nueva (del 6 al 12 de febrero de 2010).
La cuestión sobre la posibilidad de crear un partido político netamente confesional en España no es un tema baladí ni un asunto resuelto. De vez en cuando surgen opiniones diversas que avivan el debate. Desde que el actual sistema democrático [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2.694 de <em>Vida Nueva</em> (del 6 al 12 de febrero de 2010).</p>
<p><span id="more-29399"></span>La cuestión sobre la posibilidad de crear un partido político netamente confesional en España no es un tema baladí ni un asunto resuelto. De vez en cuando surgen opiniones diversas que avivan el debate. Desde que el actual sistema democrático español entró en vigor con la Constitución de 1978, se han hecho vanos intentos en este sentido. Los primeros, en los albores del período democrático, iban encaminados a formar un grupo político afín a la Democracia Cristiana que en otros países europeos tenían su significación. El momento histórico del pueblo español lo desaconsejaba.</p>
<p>La Iglesia había tenido un papel protagonista en la configuración y mantenimiento de la dictadura que fenecía y consideró más oportuno contribuir a la transición política renunciando a la creación de un partido de cuño confesional, pero invitando a los cristianos a vivir su fe también en la práctica política, como un servicio al bien común. Lo que urgía era la reconciliación nacional.</p>
<p>Han pasado más de tres décadas y el debate reverdece frecuentemente. Continúa debatiéndose la forma en la que los cristianos deben estar presentes en la vida pública y hay quienes piensan que, una de ellas, debe de ser mediante la creación de un partido político. Los documentos conciliares, el magisterio pontificio y la postura del Episcopado español durante la Transición fueron claves y ofrecieron abundante luz en este delicado asunto en el que la Iglesia y el Estado han de contribuir al bien común, desde una sana independencia. Lo que se ha dado en llamar la “autonomía de las realidades temporales”.</p>
<p>En los últimos años, el debate vuelve a la opinión pública y publicada, no ausente de intencionalidad. Abundan planteamientos que buscan una justificación doctrinal e, incluso, se han dado algunos pasos, aún titubeantes, que al final no han prosperado. Para muchos, “las uvas estaban aún verdes”. Mientras tanto, la Jerarquía no ve con malos ojos la organización de corrientes internas dentro de los propios partidos, como es el caso del PSOE, en donde se inscribe el grupo Cristianos Socialistas, o en el Partido Popular, en el que va cuajando un grupo más militante en sus postulados cristianos a la vista del variopinto panorama que ofrece el perfil de su masa electoral. En la entrevista que publica <em>Vida Nueva</em> con el presidente del Congreso de los Diputados, <strong>José Bono</strong>, se expresa su miedo a la creación de un partido político confesional, sin negar su legitimidad.</p>
<p>La autonomía que la Iglesia concede a las realidades temporales, expresada en el Vaticano II con una doctrina clara, merece ser recordada en momentos de cierta tibieza, cuando se atisban movimientos internos, apoyados por algún sector de la Jerarquía que considera que apoyando estas iniciativas se frena el sesgo laicista de algunos países europeos. Es hora de poner en valor la siempre nueva doctrina conciliar: valorar la grandeza de la vida política, denunciar sus excesos y corruptelas y alentar a los cristianos a trabajar por el bien común desde cada ámbito de la actividad política. No es necesario crear hoy partidos confesionales; sería un retroceso importante en la misma vida de la Iglesia y en su credibilidad.</p>
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		<title>Sí hay futuro en la Vida Consagrada</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 15:32:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2.693 de  Vida Nueva (del 30 de enero al 5 de febrero de 2010)
La Iglesia celebra el 2 de febrero la Jornada Mundial de la Vida Consagrada coincidiendo con la fiesta de la Presentación del Señor. Este año, en el contexto del Año Santo Compostelano, el lema elegido ha sido: Caminos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2.693 de  <em>Vida Nueva</em> (del 30 de enero al 5 de febrero de 2010)</p>
<p><span id="more-28970"></span>La Iglesia celebra el 2 de febrero la Jornada Mundial de la Vida Consagrada coincidiendo con la fiesta de la Presentación del Señor. Este año, en el contexto del Año Santo Compostelano, el lema elegido ha sido: <em>Caminos de consagración</em>. La Vida Consagrada no está en vía muerta. Hay caminos abiertos y horizontes despejados. Los religiosos y religiosas en España no sólo tienen una fecunda historia que agradecer al Señor. También tienen un apasionante camino aún por descubrir juntos. El reto es enorme e ilusionante. Es verdad que hoy, como sucede en otros ámbitos de la vida apostólica, mirar alrededor y ver la escasez de consagrados y la edad media de los mismos, puede llenar de zozobra, pero también es verdad que la esperanza anida en el corazón de la Iglesia en la que el Señor no deja de suscitar vocaciones a este tipo de entrega. Son pocos, pero con una  vocación recia, los que hoy comienzan la singladura de su consagración. <em>Vida Nueva</em> se ha acercado a ellos y ha abierto un espacio para sus ilusiones, dudas, trabajos, emociones y retos. El resultado lo hemos presentado en el Pliego que hoy ofrecemos a los lectores. Hay una obertura titubeante y un final extraordinariamente optimista. Para los jóvenes, hoy, la Vida Religiosa tiene un futuro inmenso y radiante. Sigue teniendo sentido.</p>
<p>El optimismo que hemos detectado no es enemigo de un realismo crítico que ya se ha empezado a dar en los diferentes institutos y congregaciones. A fuerza de ser sinceros, en la Vida Consagrada es necesario aún superar formas excesivamente apegadas a modelos obsoletos. Hace falta en algunos ámbitos una mayor comunión con toda la vida de la Iglesia, una prioridad en las tareas apostólicas, una definición de la propia esencia de la consagración y del carisma, un realismo en las obras apostólicas y un mayor compromiso con las nuevas formas de evangelización en la frontera. Como en toda la Iglesia, urge una conversión pastoral y una mayor audacia ante los nuevos retos. En muchos lugares se ha optado por la unión de demarcaciones territoriales para una mayor unidad de acción, por la unificación de centros de formación, por una mayor participación de los laicos en los proyectos congregacionales. Se ha optado, incluso, por nuevas fórmulas de vida intercongregacional en lugares concretos. Se adivinan fórmulas que están llenando conventos aún con suspicacias diversas, caminos, proyectos. No faltan recelos recíprocos entre Jerarquía y Vida Consagrada. La vida religiosa no está parada. Tiene futuro, aunque tenga sus lagunas. Éste es el mensaje y anhelo de los jóvenes que hoy han optado por este camino de consagración. En ellos se adivina el futuro.</p>
<p>El presidente de CONFER, <strong>Elías Royón</strong>, en su saludo con motivo de la Jornada, recuerda la “insustituible misión en la Iglesia y en el mundo” de los consagrados, a la vez que interpela “a renovar con nuevo vigor la misión que la haga visible en la sociedad a través de la fuerza de la presencia testimonial, y a ser hombres y mujeres apasionados por Jesucristo, provocando interrogantes sobre el porqué de este modo de vivir y actuar”.</p>
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		<title>Haití, un terremoto en las conciencias</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 08:53:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2692 de Vida Nueva (del 23 al 29 de enero de 2010).
La tragedia de Haití ha conmocionado al mundo. Un terremoto de estas dimensiones no sólo se queda en el desastre dantesco que las imágenes nos acercan a través de los medios de comunicación, y que impactan por su fuerza. Es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2692 de <em>Vida Nueva</em> (del 23 al 29 de enero de 2010).</p>
<p><span id="more-28562"></span>La tragedia de Haití ha conmocionado al mundo. Un terremoto de estas dimensiones no sólo se queda en el desastre dantesco que las imágenes nos acercan a través de los medios de comunicación, y que impactan por su fuerza. Es también un terremoto en la conciencia de los pueblos, principalmente de los pueblos más ricos. Muy cerca está el país más poderoso de la tierra: los Estados Unidos. En esta esquina isleña zarandeada por la tierra se sitúa el país más pobre de todo el continente americano. Vecinos, pero de espaldas. Es claro que las fuerzas de la naturaleza no se han aliado con los países ricos para devastar a esta pequeña isla de historia convulsa. Pero sí es cierto que la situación de pobreza y precariedad en la que viven sus gentes ha multiplicado los efectos del seísmo. En un país con una red de infraestructuras más sólidas, la tragedia hubiera sido menor. No cabe duda. El caos que en estos días se vive allí es una prueba de esta secuela que va dejando el terremoto. Una aldabonazo en la conciencia de los países así mismos considerados desarrollados, y que siguen permitiendo, en éstas y otras latitudes del planeta, bolsas de miseria que nos interpelan a todos.</p>
<p>Esta tragedia ha sacado a flote todo lo humano que hay en el corazón del mundo y que, a veces, creemos perdido. La solidaridad está a flor de piel y se manifiesta con una ingente ola de ayuda para mitigar el dolor y la tristeza de quienes han perdido todo y sólo les resta la esperanza. Los organismos internaciones no están cerrando los ojos ante el drama, pese a la crisis que asola a los países ricos.</p>
<p>En medio de esta solidaridad queda de manifiesto la significativa presencia de la Iglesia a través de sus misioneros, religiosos, sacerdotes y laicos, que son allí el rostro del Señor <strong>Jesús</strong> con los últimos, ya antes de la tragedia, y también ahora. En estos momentos, su ayuda está siendo valiosa. Algunos han muerto entre los escombros. Nuestro recuerdo y oración, pero también sano orgullo de encontrar entre tanta pobreza la voz evangélica de estos entregados a la misión.</p>
<p>Ahora queda enterrar a los muertos, curar a los heridos, sanar y acompañar la gran soledad en la que queda el país e iniciar una labor de reconstrucción, nada fácil por la peculiaridad de Haití y de sus gentes. Es la hora del futuro, la hora de ponerse manos a la obra sin perder la esperanza y empeñando tiempo y recursos, fortaleciendo ánimos y abriendo sendas para que aquel pequeño país pueda volver a caminar. La colaboración internacional tiene que darse sin protagonismo invasor. La ayuda económica tiene que llegar por las vías más rápidas y justas. Los proyectos deben cuajarse con el mismo pueblo.</p>
<p>A la Iglesia le corresponde ahora arrimar el hombro para ser hombro y soporte de quienes aún lloran y deambulan por las calles. Repartirán pan y alimentos, acogerán a los que han quedado huérfanos y enjugarán las lágrimas de todos, pero sobre todo a la Iglesia le corresponde el gran servicio de la esperanza con hechos, no sólo con palabras. En esa tarea no pueden sentirse solos. La Iglesia universal ha de estar hoy más cerca si cabe de sus hijos más pequeños y desvalidos.</p>
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		<title>El trabajo ecuménico ha de avanzar</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 07:55:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2.691 de Vida Nueva (del 16 al 22 de enero de 2010).
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos está a la vuelta de la esquina. La fiesta de la conversión de san Pablo, el 25 de enero, marca el final de esta semana ecuménica, que intenta no sólo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2.691 de <em>Vida Nueva</em> (del 16 al 22 de enero de 2010).</p>
<p><span id="more-28139"></span>La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos está a la vuelta de la esquina. La fiesta de la conversión de san <strong>Pablo</strong>, el 25 de enero, marca el final de esta semana ecuménica, que intenta no sólo invitar a los cristianos para que oren por la unidad, sino también fomentar en la Iglesia el deseo ecuménico expresado por el Vaticano II y alentado por los últimos pontífices.</p>
<p>El papa <strong>Benedicto XVI</strong> ha puesto como uno de los objetivos preferentes de su pontificado este aspecto ecuménico y ha dado pasos positivos en este sentido, no sólo en el ámbito del pensamiento teológico, sino también en el práctico, al propiciar gestos en favor de la unidad con algunas de las confesiones. En este sentido, ha sido muy significativa la acogida de hermanos de la confesión anglicana, que ha quedado regulada en la Carta Apostólica <em>Anglicanorum coetibus</em>. Este texto, según ha manifestado el presidente de la Comisión Episcopal Española para las Relaciones Interconfesionales, y obispo de Almería, <strong>Adolfo González Montes</strong>, no ha sido una medida estratégica para dividir a la comunión anglicana, sino un paso muy preparado a lo largo del fecundo diálogo ecuménico de los últimos cuarenta años y que viene a rubricar los esfuerzos por la unidad de la Iglesia. Los pasos que se están dando en este sentido han ido cuajando en diversas iniciativas que han hecho de este pontificado uno de los más activos en el ecumenismo. Los esfuerzos que se han realizado en los últimos años están ahora dando sus frutos y avanzarán en los sucesivo con detalles concretos.</p>
<p>Pero el diálogo ecuménico necesita de muchos detalles para que no se estanque ni quede en vía muerta. Hay que desterrar muchos miedos y complejos. Necesita de una viva purificación de la memoria que evite trampas y rencores amparados en las páginas de la historia. Debe aumentar una actitud de confianza cada vez mayor, afianzar los estudios teológicos para contemplar lo que nos une, que es más que lo que nos separa, cuidar las manifestaciones públicas para que nadie se sienta herido y desarrollar un diálogo fluido y permanente. Es un reto importante, una acción prioritaria, pues el cristianismo no será creíble en el mundo mientras que no desaparezca la lacra de la división de quienes confiesan a <strong>Jesús</strong> como El Señor.</p>
<p>En España, la realidad es cada vez más compleja en el ámbito de la realidad religiosa. La importante llegada de cristianos de otras latitudes, especialmente ortodoxos de la Europa del Este, está haciendo que se multipliquen las iniciativas para que este diálogo sea fructífero. En el seno de la Conferencia Episcopal se trabaja siguiendo los impulsos que Roma ofrece al movimiento ecuménico. Una paralización desde instancias ajenas a la Comisión o un frenazo por razones de índole diversa que pretenda afinar conceptos teológicos cerrados, no debiera hacer que el ritmo se detenga. La sana independencia de las comisiones de trabajo de la institución episcopal, expertas en cada área en la que son competentes, como es el caso de la Comisión para las Relaciones Interconfesionales, es necesaria en el camino ya recorrido, y que ha de avanzar.</p>
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		<title>El Año Jacobeo, como oportunidad</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jan 2010 08:27:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en el nº 2.690 de Vida Nueva (del 9 al 15 de enero de 2010).
Una vez más desde Galicia, este Año Santo Compostelano 2010 ahora estrenado se nos ofrece como oportunidad eclesial con acentos poliédricos, como los que ha tenido y tiene el Camino de Santiago. Aún pervive la invitación que Juan Pablo II [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en el nº 2.690 de <em>Vida Nueva</em> (del 9 al 15 de enero de 2010).</p>
<p><span id="more-27751"></span>Una vez más desde Galicia, este Año Santo Compostelano 2010 ahora estrenado se nos ofrece como oportunidad eclesial con acentos poliédricos, como los que ha tenido y tiene el Camino de Santiago. Aún pervive la invitación que <strong>Juan Pablo II</strong> lanzara desde aquel rincón legendario en su primer viaje a España, en 1982: “¡Europa. Sé tú misma!”, llamando a ser fieles a las raíces cristianas. Hoy la invitación sigue vigente y la celebración de un nuevo año jubilar la pone de actualidad. <strong>Benedicto XVI</strong> viene manteniendo la misma línea para despertar la conciencia de la vieja Europa, aquejada de un “relativismo moral” del que sólo se sale con una conciencia viva de su esencia.</p>
<p>Hasta Santiago de Compostela peregrinarán muchas personas, creyentes o no, que han encontrado en este camino, lleno de símbolos religiosos, un lugar para el encuentro personal con la fe, una senda para estrechar lazos y un vehículo cultural importante. Con la reciente apertura de la Puerta Santa de la catedral compostelana, la Iglesia renueva la invitación para que el proyecto europeo no renuncie a sus raíces cristianas y se ofrece, desde el más genuino sentido evangélico, como buena noticia de paz, solidaridad, diálogo y amor, valores que ayudarán a los europeos en su camino común frente a los desafíos del milenio. Una visión amplia, generosa, serena y global ante la cual la Iglesia presta el servicio de la fe comprometida en la transformación de un mundo que debe mirarse a sí mismo para sacar fuerzas en la debilidad. Santiago de Compostela es hoy, ante Europa, una mano abierta a la búsqueda de soluciones comunes desde el ámbito de la trascendencia, que, lejos de ser eliminada, como algunas legislaciones pretenden, se pone a trabajar para dotar al mundo de alma, la sinfonía que los pueblos necesitan para su mayor realización.</p>
<p>Coincide el inicio de este Año Jacobeo con la presidencia semestral de España de la Unión Europea. Coincidencia que viene a subrayar esta necesidad de una búsqueda de los valores religiosos en unas sociedades marcadas por la fe. En los últimos años se teme que la deriva laicista de España, en aras a una mayor independencia entre lo que se calificado equivocadamente como “la cosa pública” y “la cosa religiosa”, tenga en nuestro país una antesala europea peligrosa. La fe, aunque se viva en el ámbito de lo privado, no puede reducirse a la interioridad, sino que se vive en lo público, y, aunque las leyes no tengan en la fe su base, sin embargo la ciudadanía sí es religiosa. Armonizar ambas cosas, manteniendo la sana autonomía y estableciendo cauces de diálogo, de convergencia de intereses y de tareas comunes para afrontar los retos del futuro, es una tarea que urge en España y en Europa.</p>
<p>Este año, con la coincidencia de ambos eventos, puede ser ocasión para destacar la importancia de este diálogo. El de Compostela es un fenómeno con muchos ángulos al servicio de la sociedad desde su base fundamental, que es la fe. Es el servicio de la fe el mejor regalo que la Iglesia puede hacer al proyecto europeo y a los retos de este continente, que no puede dejar diluir su esencia y sus raíces, con las que habrá de encarar el futuro.</p>
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		<title>Necesitamos comunión y diálogo</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Dec 2009 11:28:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mvlara</dc:creator>
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Publicado en el nº 2.689 de Vida Nueva (del 2 al 8 de enero de 2010).
Un nuevo año asoma en el calendario y las urgencias se amontonan ocupándonos y, a veces, preocupándonos. En el horizonte se levanta la esperanza de seguir poniendo todo lo necesario para remontar la crisis que se está cebando con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><span style="color: #000000;"> </span></h2>
<p>Publicado en el nº 2.689 de <em>Vida Nueva</em> (del 2 al 8 de enero de 2010).</p>
<p><span id="more-27320"></span>Un nuevo año asoma en el calendario y las urgencias se amontonan ocupándonos y, a veces, preocupándonos. En el horizonte se levanta la esperanza de seguir poniendo todo lo necesario para remontar la crisis que se está cebando con los más pobres. La Iglesia no sólo ofrece pan y alimento, sino que también aboga por un cambio de mentalidad para que se erradiquen las causas de esa crisis coyuntural que nos asola y de la crisis permanente que ofrece un saldo de hambre y miseria en muchos rincones de la tierra. El Magisterio de la Iglesia, especialmente todo lo contenido en su vasta e ingente doctrina social, se ofrece al mundo como vía de solución que pasa inevitablemente por actitudes solidarias y fraternas. Sólo la solidaridad y el gesto de compartir los bienes comunes pueden sacarnos de la situación de crisis hoy.</p>
<p>Junto a este deseo que ha de ser tarea compartida, la Iglesia seguirá abundando en el reto de la unidad, de la que el mismo papa <strong>Benedicto XVI</strong> ha hecho bandera y que esperamos que continúe, no sólo para con los grupos disidentes que han producido una honda fractura en la misma Iglesia desde el lado conservador, sino también con otros grupos que esperan del primado de <strong>Pedro</strong> ese servicio de unidad que pasa por la integración, la escucha y la acogida. Son hoy muchos los cristianos que siguen esperando de Roma el precioso trabajo por la comunión, filigrana y sinfonía que sólo se hace desde el alma del Evangelio, una tarea que no debe interrumpirse. Cuando la fragmentación nace de la heterodoxia, la Iglesia como Maestra pone los medios para restablecerla, pero cuando la fragmentación está causada por actitudes de la propia Iglesia, se abre una brecha lamentable que se va agrandando con actitudes envalentonadas y agresivas que, lejos de servir a la comunión, están propiciando una preocupante fragmentación en el seno de la misma Iglesia que se afana por la unidad en la diversidad. Esta fragmentación, particularmente visible en la Iglesia española, es una de las heridas más preocupantes para el cristiano hoy, que ve cómo abundan actitudes en la propia jerarquía que están agrandando la brecha de la división.</p>
<p>Y otros muchos flecos que durante este año tienen que ir abordándose con valentía y espíritu evangélico como es el del diálogo con el mundo.</p>
<p>En España, las leyes que se van realizando en el Parlamento exigen una capacidad de diálogo cada vez más necesaria para que estén al servicio de una sociedad que no es laica, aunque el Estado sí lo sea. Sólo el diálogo y las propuestas positivas serán capaces de serenar los ánimos para que la Iglesia continúe sirviendo a la sociedad con la riqueza del Evangelio, y para que el Estado, abandonando actitudes sectarias y ya obsoletas, respete a la Iglesia en su misión trascendente.</p>
<p>Diálogo, comunión, unidad, son las prioridades en la Iglesia y en la sociedad española a la que hay que servir huyendo del enfrentamiento cada vez más acusado. La unidad y la comunión no se hacen desde posturas excluyentes, sino desde esa tarea impresionante que el Misterio de la Encarnación ha traído al mundo, el milagro de la comunicación, del diálogo amoroso que el Padre establece con el mundo a través de su Palabra hecha carne sencilla.</p>
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