Editoriales

EDITORIAL DE LA SEMANA

Contra la pederastia, verdad y justicia

Crece por días la geografía de la pederastia por parte de clérigos y religiosos. Los últimos esfuerzos por implicar al Papa en esta vorágine macabra han llegado hasta la misma diócesis de Múnich, en donde el cardenal Ratzinger ejerció como arzobispo. El paso previo fue implicar a su hermano en otros casos de abusos en el coro que dirigía y en el que se sucedieron abusos sin su conocimiento. Aumentan los casos y los países en los que aparece este execrable delito por parte de aquéllos a quienes, por oficio y ministerio, debiera corresponder un mayor testimonio y honestidad. No puede escapar a la sociedad, ni a la “pléyade de investigadores” repartidos por las diócesis europeas, que la Iglesia ha respondido con una clara y decidida apuesta por la verdad y la justicia. Negar esta evidencia es prueba de que interesa más el escándalo que su solución o la verdad misma. Aquí no se recomienda templanza ascética, abstinencia y silencio cómplice, sino verdad y justicia.

Las víctimas tienen derecho a que la verdad que entonces fue ocultada, salga a la luz y a que, en justicia, reciban la retribución económica, psicológica, social y eclesial necesarias. Aquellos silencios, entendidos como una falsa discreción, deben resarcirse hoy con la justicia en la mano y con la caridad por encima de todo. El mismo Benedicto XVI ha sido claro en todo momento y ha sabido defender la verdad cuando el cerco a su misma persona y ministerio se ha ido cerrando. Buscar la verdad y ayudar a la justicia. Es un primer paso importante y necesario. Seguirán más.

Paralelamente a todo este affaire, y desde otras instancias, con interpretaciones sesgadas, se busca una revisión de la disciplina del celibato obligatorio en la Iglesia de rito latino, uniendo injustamente celibato con pederastia, como si el celibato fuera terreno abonado para la delincuencia. Suelen ser los mismos que gritan cuando se identifica erróneamente pederastia con homosexualidad. Comparar un estilo de vida con delincuencia es ya un hecho reprobable. El que se abra el debate en el seno de la Iglesia sobre la tradicional disciplina en nada tiene que ver con lo que es un delito abierto, como es el escándalo a los pequeños, ya condenado por el mismo Jesús en el Evangelio.

El esfuerzo de la Iglesia ha sorprendido a no pocos en los ámbitos abiertamente antieclesiales. El Papa ha puesto sobre el candelero la pasión de la Iglesia por la verdad y la justicia. Hecho este trabajo, queda ahora la tarea de mayor calado, de una formación afectiva más seria en los centros de formación y un mayor cuidado y vigilancia de los  responsables de la pastoral con niños y adolescentes. Es un trabajo que la misma Iglesia ha de hacer por honestidad y responsabilidad, además de aplicar las leyes canónicas pertinentes.

Pero hay algo que la Iglesia está mostrando a la sociedad hoy. El ejemplo que aporta a otras instituciones para que también en ellas se sirva a la verdad en estos casos, desgraciadamente comunes en ámbitos familiares, escolares o sociales, según las estadísticas. Un servicio, en definitiva, a la verdad por parte de la Iglesia.

Publicado en el nº 2.700 de Vida Nueva (del 20 al 26 de marzo de 2010).

La esperanza, antídoto contra el catastrofismo

Publicado en el nº 2.698 de Vida Nueva (del 6 al 12 de marzo de 2010).

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Reconocer la culpa y mirar al futuro

Publicado en el nº 2.696 de Vida Nueva (del 20 al 26 de febrero de 2010).

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Participación política, pero sin partidos

Publicado en el nº 2.694 de Vida Nueva (del 6 al 12 de febrero de 2010).

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Haití, un terremoto en las conciencias

Publicado en el nº 2692 de Vida Nueva (del 23 al 29 de enero de 2010).

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Testigos de la misericordia entrañable

Un año más, coincidiendo con la fiesta litúrgica de San José, la Iglesia celebra el Día del Seminario. Este año el lema es El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios. Un acento especial en la dimesión de la caridad pastoral en la vida del presbítero. Una jornada que este año viene marcada por la esperanza. Después de varios años, el número de aspirantes al sacerdocio crece de forma suave. Se ha roto la tendencia a la baja y los seminarios empiezan a ver cierta luz en el horizonte. Los esfuerzos de las Iglesias locales en la labor vocacional están empezando a ver sus frutos. La crisis vocacional, enmarcada en una crisis más amplia, ha hecho que en muchos lugares se planteen nuevas fórmulas, aunque aún queden por desbrozar caminos para hacer más nítidas las estructuras formativas de los aspirantes al sacerdocio ministerial.

Vuelve el reto de la formación de candidatos al sacerdocio en momentos en los que hay preocupación por el sesgo involucionista de algunas líneas formativas en los seminarios. Se trata de un reto en el que han de conjugarse los cuatro grandes ámbitos que ya abordó Juan Pablo II en la Pastores dabo vobis y que no pierden actualidad. Ahora más que nunca es necesario conformar una auténtica formación humana que facilite el equilibrio psicológico, afectivo y sexual tan necesario hoy, cuanto más escaso está en la sociedad circundante. Su carencia ha dado pie a lamentables casos en el ejercicio del ministerio. Una formación humana profunda que ayude al candidato a encontrar la vivencia de la sexualidad en el ejercicio libre del celibato y de la entrega sacerdotal. Urge esta base formativa para evitar los graves escándalos recientes.

Por otro lado, una cada vez más necesaria formación intelectual para dar razón de la fe a quienes la pidieren en esta sociedad en la que la fe como oferta tiene que ser expuesta en la plaza pública como un servicio, una vía abierta y propositiva. Se trata de forjar sacerdotes en el diálogo intelectual con el mundo, con un amplio bagaje capaz de situarlos con argumentos serios y fundamentados en una sociedad en la que el pensamiento débil sustenta muchas de sus estructuras mentales.

Un tercer ámbito de la formación de los aspirantes al sacerdocio es el de la formación en la vida interior: la oración, la importancia de los sacramentos y, principalmente, de la Eucaristía.

Una formación que haga del futuro sacerdote un hombre de Cristo, un hombre interior que sepa alimentar su interior, bodega de la fuerza del Espíritu. Hombres de adentro que sepan dar brillo a su labor, sin activismo falso, sin espiritualismo vano. Por último, el gesto que señala la campaña de este año, un hombre forjado en el taller de la misericordia entrañable. La caridad pastoral, entendida como el ejercicio de la misericordia del mismo Dios para con los últimos, ha de ser la pasión del sacerdote.

Vida Nueva toma hoy el pulso a esta tarea, de la mano de algunos responsables de la formación en los seminarios. Hoy urge la reflexión en una tarea en la que la Iglesia ha de poner todo su empeño.

Publicado en el nº 2.699 de Vida Nueva (del 13 al 19 de marzo de 2010).

¿No tiene nada que aportar la Iglesia?

Publicado en el nº 2.697 de Vida Nueva (del 27 de febrero al 5 de marzo de 2010).

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Una Cuaresma para la justicia

Publicado en el nº 2.695 de Vida Nueva (del 13 al 19 de febrero de 2010).

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Sí hay futuro en la Vida Consagrada

Publicado en el nº 2.693 de  Vida Nueva (del 30 de enero al 5 de febrero de 2010)

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El trabajo ecuménico ha de avanzar

Publicado en el nº 2.691 de Vida Nueva (del 16 al 22 de enero de 2010).

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VIDEOTECA

Aquí podrá ver el vídeo que hemos preparado con motivo del 50 aniversario de Vida Nueva     

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