Bridges ‘unplugged‘
Corazón rebelde
(J. L. Celada) En vivo y en directo, a años luz de tanto playback interpretativo de muchos colegas; sin método de academia ni manual de estilo, pero libre también de falsetes y sobreactuaciones. Así se presenta Jeff Bridges sobre el escenario de la gran pantalla. No ha hecho otra cosa durante cuatro décadas de una trayectoria desigual. Y ahora, al abrigo de este Corazón rebelde, nos ofrece su penúltimo recital, toda una guía de primeros auxilios contra la mediocridad que amenaza a la profesión.

(J. L. Celada) Se ha colado casi de puntillas en la carrera por el Oscar (aspira a los de Mejor Película, Mejor Guión Adaptado y Mejor Actriz, en la persona de la extraordinaria Carey Mulligan), quizá porque esta discreta elegancia es también una de las señas de identidad de An education, un drama romántico cuya sencilla apariencia no se corresponde con las emociones que provoca. La magia del cine tiene estas cosas: “Tan importante es contemplar el abrigo de un niño que se descose, como asistir a la muerte de 500 soldados”. Bien lo sabe Lone Scherfig.
(J. L. Celada) Los vivos colores de la felicidad son sólo un instante fugaz, un sueño que se desvanece engullido por la fantasmagórica realidad circundante. Tras un potente e inesperado destello de luz, acompañado de varias sacudidas, el planeta amanece arrasado por un misterioso fenómeno. Por si hubiera dudas, uno de los supervivientes describe tan apocalíptico escenario: relojes detenidos, días cada vez más grises y fríos, ausencia de animales y cultivos, bandas de hombres armados en busca de combustible y comida… Parece que el mundo haya llegado a su fin.
(J. L. Celada) Que Clint Eastwood, consumado cronista de las derrotas humanas, haya decidido que su nuevo –que no último– trabajo gire en torno a un triunfo deportivo, podría parecer un capricho senil, de no ser por la figura que inspira y da sentido a esta apuesta: Nelson Mandela, el carismático líder negro que, tras 27 años en prisión y siendo ya presidente de Sudáfrica, se empeñó en convertir al conjunto anfitrión en campeón de la Copa del Mundo de Rugby. Corría el año 1995, y esta victoria sobre el césped encarnaba simbólicamente los deseos de reconciliación del mandatario. Un equipo, un país, rezaba el eslogan escogido para la cita.
(J. L. Celada) Deslumbrante, como el manto de nieve que durante el invierno de 1913 cubre el pequeño pueblo donde se desarrollan los hechos, y tétrico, como los individuos que lo habitan. Dos adjetivos, en apariencia contradictorios, bastarían para definir el último trabajo de Michael Haneke, pero no así los sentimientos que suscita en el espectador, atrapado entre la desazón que provoca su propuesta argumental y el deleite de un ejercicio cinematográfico ejemplar.
(J. L. Celada) No se cumplieron los pronósticos, y La cinta blanca, de Michael Haneke, se quedó sin el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Se lo llevó para Argentina Juan José Campanella con El secreto de sus ojos, pero no porque aspirantes como Un profeta atesoren menos méritos. La candidata francesa, gran rival también de la producción alemana en los Premios del Cine Europeo, es ya una de las más gratas sorpresas de la temporada.
(J. L. Celada) Al séptimo intento, después de otras tantas nominaciones, Martin Scorsese se alzaba hace ahora tres años con el Oscar al Mejor Director por Infiltrados, merecido reconocimiento a su fructífera trayectoria de cuatro décadas. Un galardón tardío, si atendemos a las producciones que la adornan (Taxi driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros…), pero que pareció liberarle al fin de la pesada losa de seguir sin conquistarlo. Y este último trabajo es una excelente prueba de ello: el cineasta neoyorquino recupera todo su arte para contar historias, hasta el punto de convertir una novela negra de Dennis Lehane en un ejercicio cinematográfico con aires de clásico del género de suspense.
(J. L. Celada) Que nadie se llame a engaño con el título de esta cinta (Precious), porque lo único realmente “precioso” que exhibe –al margen de sus indudables virtudes cinematográficas– es la heroica fortaleza de su protagonista (la extraordinaria amateur Gabourey Sidibe) para sobreponerse al destino y rebelarse contra unas circunstancias familiares que alimentan a diario su deseo de estar muerta. Tener a los 12 años una niña con síndrome de Down, tras ser violada desde pequeña por el marido de su madre, y esperar otro hijo a los 16 es sólo la punta del iceberg de una situación que compromete el futuro de esta adolescente obesa, con un grave retraso escolar y víctima del maltrato –físico y psicológico– de su progenitora (Mo’Nique, gran rival de Penélope Cruz en la lucha por el Oscar).
(J. L. Celada) Hay una crisis que afecta a la industria cinematográfica tanto o más que la económica: la crisis de ideas. Cuesta mucho encontrar productores que financien nuevos proyectos, pero más aún escribir guiones que resulten originales o con algo que contar. De tal sequía creativa da cuenta la ficción que aquí nos ocupa, Nine, título que también pone de manifiesto ese síntoma como preocupante realidad.
(J. L. Celada) Año 1967. En una modesta universidad del Medio Oeste americano, un profesor inunda la pizarra de complejas fórmulas, tratando de explicar al alumnado el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, un postulado de teoría cuántica que, aplicado fuera del ámbito científico, vendría a defender que nada se puede predecir con exactitud, que siempre hay un margen de indeterminación en el conocimiento humano. Nuestro hombre es el protagonista del último trabajo de los Coen, dos hermanos que, en cada estreno, no sólo hacen de lo imprevisible un pilar también de su propia filosofía, sino que aquí lo elevan a la máxima potencia.









