Lorenzo Silva: “Creo mucho en la palabra ‘moral’”
El autor publica ‘La estrategia del agua’, novela poderosa, actual y comprometida
(Juan Carlos Rodríguez) Vuelven Bevilacqua y Chamorro. Cinco años después, los guardias civiles de Lorenzo Silva (Madrid, 1966) viven su quinta novela convertidos ya en brigada y sargento, pero, sobre todo, en referentes incuestionables de la novela negra española. En La estrategia del agua (Destino), Silva ha creado una trama poderosa, actual y comprometida como pocas. A través de un mezquino asesinato, llevará al lector ante otra cara de la violencia de género y de la vida judicial española. Óscar Santacruz, padre divorciado, batalla por la tutela de su hijo. Le costará la vida. Una obra que Silva dedica a Miguel Ángel Salgado, “asesinado a traición en Ciempozuelos (Madrid), el 14 de marzo de 2007” y “a todos los padres que luchan, en condiciones adversas, para seguir cuidando de sus hijos”. Este libro no es la historia de Salgado, pero, como afirma el novelista, “su sacrificio me lo sugirió”.


(Juan Carlos Rodríguez) Espuma de mar, paisajes africanos y primates solitarios. Los temas y obsesiones de la pintura de Miquel Barceló (Felanitx, 1957) inundan CaixaForum Madrid (del 11 de febrero al 13 de junio), en una muestra que resumirá, como ninguna otra, la vida y obra del pintor mallorquín desde 1982 o, cómo le gusta decir a los críticos, desde que Barceló es Barceló. O, dicho de otro modo, desde que se consagró internacionalmente a partir de su presencia en la documenta de Kassel (Alemania). Desde entonces, va sumando hitos: el primer artista contemporáneo en exponer en El Prado y el Louvre o en intervenir radicalmente en una catedral gótica como la de Palma de Mallorca… Se quiera o no, Barceló es, por cotización y expectación, el artista español vivo más universal. Y su obra levanta, como pocas, admiración, aunque, como en Palma, tampoco acaba de satisfacer, evidentemente, a todos. A pesar de ello, Sant Pere es ya un lugar de culto en los dos sentidos de la expresión: de culto católico y de culto artístico.
(Juan Carlos Rodríguez) Si Albert Camus no hubiese fallecido en el absurdo accidente de carretera aquel 4 de enero de 1960 en Villeblevin, a los 47 años de edad, se hubiera bautizado. En la justa concelebración del 50º aniversario de la trágica muerte del gran autor francés, apenas se ha oído hablar de la revelación que Howard Mumma, el pastor metodista, amigo y confidente del Premio Nobel de Literatura, hizo justo hace una década en El existencialista hastiado (Editorial Voz de Papel), un hermoso testamento a modo de diálogo entre un hombre de fe y un hombre que busca la fe. “A menudo leo que soy ateo, oigo hablar de mi ateísmo. Ahora bien, esas palabras no tienen sentido para mí. Yo no creo en Dios y no soy ateo”.
(Juan Carlos Rodríguez- Fotos: Fundación Barrié de la Maza) En la Catedral de Santiago de Compostela, fin del Camino y principio de la verdad, el Pórtico de la Gloria permanecerá ajeno a los peregrinos –casi 200.000– que en este Año Santo alcancen la Plaza del Obradoiro. Revestida de una segunda piel temporal –un andamio complejo y espectacular diseñado por el arquitecto Francisco Javier Alonso de la Peña– tan sólo ofrece una imagen parcial de la obra cumbre del Maestro Mateo y del Románico tardío.
(Juan Carlos Rodríguez) Apenas diez años después de su muerte, Gonzalo Torrente Ballester (Serantes, Ferrol, 13 de junio de 1910-Salamanca, 27 de enero de 1999) se aparece en la neblina como un clásico, como un escritor pretérito, brumoso, complejo. Quizás lo sea; pero también es otro: “Un tipo de escritor que no abunda en España, que une la profundidad intelectual con la imaginación como lo hicieron Camus o Sartre. La historia de un realista mágico”, según el profesor Xosé Luis Méndez Ferrín. Eso es. Pero también un narrador soberbio, ágil y popular. Sin embargo, Torrente Ballester ha quedado en un segundo plano, del que la conmemoración del centenario de su nacimiento quiere rescatarle.
(Juan Carlos Rodríguez) El escritor invisible decidió en 1965 resguardarse entre el centeno, esconderse de la popularidad y del mundo, autocastrarse para erigir sobre su sombra uno de los mayores mitos de la historia de la literatura. Ya ha muerto. Esta vez el silencio es definitivo. Irreparable. Más allá de Holden Caufield, es Jerome David Salinger (Nueva York, 1919-New Hampshire, 2010) su propio mito. El escritor famoso por no querer ser famoso. El escritor que, en sí mismo, ha encarnado un enigma sin respuestas. ¿Por qué lo abandonó todo en la cúspide de su éxito? ¿Quién era realmente? ¿Por qué no publicó nunca más? ¿Deja manuscritos?











