A Ras de Suelo

“¡Mírame, Mario, te lo suplico!”

(Juan Rubio- Director de Vida Nueva)

Al saber de la muerte de Miguel Delibes, releo Cinco horas con Mario, la obra que escribió mientras España se desperezaba de una posguerra y la Iglesia estrenaba Concilio. Carmen representa, en su monólogo, la España cansina y provinciana, orgullosa de sus metales de pechera que tapaban la sangraza salpicada en las trincheras. Un país dividido por el exilio y la emigración que empezaba; con inteligencia de rebotica, sexo reprimido y mujeres que sólo debían “saber pisar, saber mirar y saber sonreír”; una España, “unidad de destino en lo universal”, que sólo vivía de certezas excluyentes. Mario, silente en el féretro, representa a la España perdedora, pero no triturada; asustada, pero no vencida; la que luchaba desde los adentros para forjar una sociedad reconciliada. Mientras releo, quedo estremecido viendo cómo se reproducen hoy los retratos del monólogo.“Quien quiera pensar por su cuenta que lo gane y se vaya a pensar a otra parte, que mientras vivan bajo mi techo, los que de mí dependan, han de pensar como yo mande”, dice Carmen. Lean la novela los agoreros de una España devastada y quienes se niegan a dialogar, embistiendo antes de pensar. El monólogo termina en desesperación: “¡Mírame, Mario, te lo juro. Mírame. De rodillas te lo pido, anda, que no lo puedo resistir. Mírame o me vuelvo loca! ¡Anda, por favor!”. Un mundo sin diálogo es un mundo de locos. El reproche no conduce a nada; solamente a una carrera de desesperación que nada construye y que todo lo hunde. Un mundo sin diálogo es un mundo infecto que ha hecho de la hipocresía virtud.

Publicado en el nº 2.700 de Vida Nueva (del 20 al 26 de marzo de 2010).

Patentes de corso en la Iglesia

Seguir leyendo…

Que pase primero el oso

Seguir leyendo…

No confundir jubilación con vejez

Seguir leyendo…

Engañifa contra la cruz

Seguir leyendo…

Amo con pasión a esta Iglesia

(Juan Rubio- Director de Vida Nueva)

No conozco la catedral que un vecino octogenario construye desde hace cincuenta años en Mejorada del Campo. Sé que es una labor lenta, laboriosa, paciente; amasada con una buena dosis de ingenio y tesón; pero fundamentalmente una buena dosis de fe, argamasa principal de su sueño. No entro en leyes ni comedias, planos o proyectos. Sólo contemplo el rostro arrugado de Justo Gallego, que la levanta con sus manos. Como la Sagrada Familia de Gaudí en esa “ciudad de los prodigios” que es Barcelona. Ambas son plegarias de ladrillo y hormigón. Como sucede con la catedral de Vitoria que nos describe Ken Follet o Santa María del Mar que novela Falcones. Siempre el esfuerzo y el tesón de una iglesia que se va construyendo lentamente, con sudor y lágrimas, con viento y bochorno, pero siempre, con la imagen del proyecto dibujada en el alma. Algo así como se va construyendo la Iglesa entera, diseñada por el Señor en el alma y levantada golpe a golpe por nosotros. “Como tú, piedra pequeña; como tú, como tú, guijarro humilde, como tú… bajo los cascos, bajo las ruedas; como tú, piedra pequeña; como tú, guijarro humilde”, que cantara León Felipe. La Iglesia se hace desde la sencillez, desde el sudor y desde la fe de cristianos que, llorando, riendo, creyendo, amando, dándose, la han levantado y la siguen levantando hoy. Por eso amo con pasión a esta Iglesia. La que peregrina con sudor y la que el Señor dibuja en mi alma cada día. Se aman sueños y realidades, como se aman proyectos y diseños. Amo a esta Iglesia hecha de piedras viejas, sólidas, rugosas, firmes. La amo con pasión.

Publicado en el nº 2.699 de Vida Nueva (del 13 al 19 de marzo de 2010).

Lolo y su diccionario particular

Seguir leyendo…

¿Qué palabras contarán la Palabra…?

Seguir leyendo…

El horrible desierto espiritual

Seguir leyendo…

Fragmentación auspiciada desde arriba

Seguir leyendo…

 

VIDEOTECA

Aquí podrá ver el vídeo que hemos preparado con motivo del 50 aniversario de Vida Nueva     

ver video

 

Cerrar