Luchar contra el desperdicio para acabar con el hambre

El Ministerio de Agricultura trabaja con Manos Unidas en la nueva estrategia nacional para reducir el despilfarro de alimentos

plato de comida vacío con cuchillo y tenedor

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA – RUBÉN CRUZ | Al centrar su Campaña Contra el Hambre 2017 de este año en denunciar el inmenso coste en todos los sentidos que tiene el desperdicio de alimentos a nivel mundial, Manos Unidas ha puesto en la diana una cifra que estremece: un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Con este fin, se ha creado una alianza de asociaciones eclesiales y laicas comprometidas en esta lucha (además de Manos Unidas, están PROCLADE, SED PROYDE y PROSALUS) para, además de promover conjuntamente propuestas de sensibilización ciudadana, interactuar directamente con los representantes públicos para concretar políticas que encarnen al fin un cambio sustancial de modelo de producción y consumo.

cartel de Manos Unidas de la Campaña Contra el Hambre 2017

Cartel de la campaña de Manos Unidas 2017

En este sentido, el pasado 25 de enero, representantes de estas entidades se reunieron con Fernando Burgaz, director general de la Industria Alimentaria, dependiente del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, en la misma sede ministerial. Como resultado de la reunión se acordó buscar ámbitos de colaboración “para el desarrollo de actuaciones conjuntas en esta materia, invitándoles a incorporarse al Grupo de Trabajo establecido para la gestión y el desarrollo de la estrategia Más alimento, menos desperdicio 2017/2020”, indica a Vida Nueva Burgaz. Del mismo modo, destaca que “la lucha contra el desperdicio también es una forma de luchar contra el hambre; por ello, considero un acierto que el reto de acabar con el despilfarro de alimentos haya sido adoptado como mensaje de la Campaña de este año de Manos Unidas”.

Sensibilización

La Comisión de Sanidad y Servicios Sociales del Senado aprobó en enero, por unanimidad, una moción del Grupo Popular que insta al Gobierno a “estudiar medidas normativas para la reducción del despilfarro alimenticio salvo para alimentos caducados”. En este sentido, Burgaz recalca que ya están preparando la nueva estrategia Más alimento, menos desperdicio 2017/2020 citada anterioriormente, ya que la anterior acabó el pasado año. Ahora, también trabajarán con las autoridades de consumo “para tratar de establecer los procedimientos que faciliten a la restauración la donación de alimentos ya elaborados”, indica.

Esta estrategia llevó a la creación de un Panel de cuantificación del desperdicio alimentario en hogares, pionero en la Unión Europea, gracias al que se ha logrado cuantificar que cada persona tiró a la basura 29 kilos de comida en 2015. No obstante, “a la espera de disponer de información concreta sobre 2016, las primeras informaciones parciales muestran una reducción del 2,3%”, explica.

Consultada por esta revista, Claudia Beltrán, representante del Departamento de Campañas de Manos Unidas, que acudió a la reunión en el Ministerio, explica que “no estamos ante un problema de producción. Tenemos la capacidad técnica de producir suficientes alimentos para satisfacer la demanda de la población. De hecho, hoy producimos un 17% más de calorías por persona que hace 30 años, tomando además en cuenta que en este mismo período la población ha aumentado en un 70%. Así, si el problema no es de producción, ¿entonces por qué hay tantos hambrientos?”.

Una “paradoja de la abundancia”, como señalara Juan Pablo II, que la responsable de Manos Unidas ejemplifica con este dato: “En todo el mundo se producen, aproximadamente, 1.300 millones de toneladas de comida que luego se tira”. Un modelo de producción y consumo que resulta “altamente insostenible en términos económicos y ambientales”, pues provoca una subida de los precios que finalmente acaban sufriendo las personas con menos recursos y un daño a la naturaleza que se concreta en este dato: “Para producir ese tercio desperdiciado se han utilizado 1.400 millones de hectáreas de tierra, un cuarto del agua dulce del planeta y 300 millones de barriles de petróleo. Además, se ha emitido a la atmósfera un 18% de los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático”. Y es que, como recoge el lema de la propia campaña de este año de Manos Unidas, No necesitamos más comida.

Red ciudadana

Mari Cruz Martín Redondo y María Teresa de Febrer de Olivar, del Departamento de Sensibilización e Incidencia de PROSALUS, detallan a este semanario cómo desde 2014 impulsan la iniciativa Yo no desperdicio, con la que “queremos contribuir a la reducción del desperdicio de alimentos, principalmente en los hogares, creando una red ciudadana comprometida con este tema”. Para ello, a través de su web y una app para móviles, ofrecen “recursos contra el desperdicio y ponemos en contacto a personas que quieren entregar alimentos y participar así en el consumo colaborativo”.

“Las personas interesadas –detallan– pueden registrarse rellenando un sencillo formulario, y ofrecer comida o ponerse en contacto con otra persona que ofrezca alimentos. La plataforma cuenta con una herramienta interna de mensajes para acordar de forma privada el lugar de entrega de los alimentos”.

Junto a ello, esta ONG, muy presente en zonas rurales de Perú, Bolivia y Mozambique, busca concienciar a la sociedad española de la urgencia de un fenómeno sin duda alarmante y en el que la respuesta empieza por todos y cada uno de nosotros. Con este fin, ofrecen cifras para la reflexión: “En la Unión Europea, según información de la Comisión Europea de 2016, cada año se desperdician unos 88 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale al 20% de todos los alimentos producidos, con los consiguientes costes por el valor aproximado de 143.000 millones de euros. En España se tiran más de siete millones de toneladas al año (es el séptimo país de Europa que más desperdicia), siendo el pan, las frutas y las verduras, junto con los lácteos, los alimentos que más desechamos”. Una lacra, enfatizan, en la que no se puede mirar solo a la Administración, siendo la responsabilidad compartida: “Según datos suministrados por Eurostat, el 42% del desperdicio de alimentos se produce en los hogares, el 39% en las fases de procesamiento y transformación, el 14% en los restaurantes y el 5% en establecimientos de venta”.

Algunas cifras sobre el desperdicio de alimentos

  • En todo el mundo se producen 1.300 millones de toneladas de comida que luego se tiran. Es un tercio de todo lo producido.
  • Daños al medioambiente: para producir ese tercio desperdiciado, se utilizan 1.400 millones de hectáreas de tierra, un cuarto del agua dulce del planeta y 300 millones de barriles de petróleo, y se emiten a la atmósfera el 18% de los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático.
  • En la Unión Europea, cada año se tiran 88 millones de toneladas de alimentos, que son el 20% de lo producido y que suponen un coste de 143.000 millones de euros.
  • España es el séptimo país de Europa que más desperdicia.
  • En España se tiran más de 7 toneladas de comida al año. En 2015, cada persona tiró a la basura 29 kilos de comida.
  • Los alimentos más desechados en España son pan, fruta, verdura y lácteos.
  • ¿Dónde se produce el desperdicio? El 42% en los hogares, el 39% durante las fases de procesamientoy transformación, el 14% en restaurantes, el 5% en establecimientos de venta.

¿Una ley del buen samaritano?

En otros países, como Estados Unidos o la vecina Italia, existe la ley del buen samaritano, que tiene como finalidad limitar la responsabilidad civil de los donantes de alimentos, evitando que, si una persona se intoxica con algún alimento donado, la empresa se vea perjudicada legalmente si ha realizado la donación de buena fe.

¿Prevé el Ministerio español una legislación en este sentido? “Las condiciones que deben reunir los alimentos para su donación, así como la responsabilidad de los donantes, son cuestiones de especial importancia para facilitar la entrega de alimentos; por ello, estas cuestiones están siendo actualmente debatidas en el seno de la Unión Europea. Desde el Ministerio actuaremos de acuerdo con lo que establezcan las directrices europeas”, reconoce Burgaz.

En todos los países existe la prohibición de comercializar o donar productos que hayan superado la fecha de caducidad. No obstante, no existe una prohibición genérica para los productos con fecha de consumo preferente. En el caso de España, el Real Decreto 1945/1983 prohíbe comercializar con ellos. Sin embargo, “a la vista de la situación actual y teniendo en cuenta los nuevos enfoques en relación con la necesidad de reducir el desperdicio alimentario, será necesario llevar a cabo un proceso de reflexión para determinar si procede modificar dicho criterio”, comenta Burgaz.

Publicado en el número 3.023 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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