Fabio Baggio: “En la Iglesia no existe el extranjero”

Subsecretario del dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

Fabio Baggio, subsecretario del dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

DARIO MENOR (ROMA) | “En la Iglesia no existe el extranjero. Cada uno tiene derecho a una habitación dentro de esta gran casa”. Desde el 1 de enero, el misionero escalabriniano italiano Fabio Baggio es uno de los dos subsecretarios de la sección dedicada a los migrantes y refugiados del nuevo dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, junto al jesuita checo-canadiense Michael Czerny. Director del Scalabrini International Migration Institute y con experiencias previas en este campo en Filipinas, Chile y Argentina, donde coincidió con el entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio, Baggio subraya que, con las continuas llamadas de atención sobre la situación de los migrantes y refugiados, “Francisco muestra cuánto nos falta por caminar en ese sentido como Iglesia”.

PREGUNTA.- ¿Son los refugiados “la niña de los ojos” de este pontificado junto a las personas sin hogar?

RESPUESTA.- El Papa nos dejó muy claro que son una porción del pueblo de Dios que quiere cuidar de manera muy especial. Cada pobre, cada marginado, cada persona que viva en las periferias de nuestras sociedades merece una atención especial. Así nos lo dijo.

P.- ¿Ha sintonizado la Iglesia con la preocupación del Papa sobre los inmigrantes y refugiados?

R.- Con sus llamadas de atención, Francisco nos muestra cuánto nos falta por caminar en ese sentido como Iglesia. Es muy fácil hablar de nuestra catolicidad y de ser abiertos cuando cada uno se queda en su casa. Se vuelve más difícil cuando hay extranjeros que piden un espacio y a mí me toca dejárselo. Nuestra comunidad cristiana tiene que estar en la primera línea en todos los sentidos, revelando al mundo nuestro ideal de cristiano. Como dijo un documento de la Iglesia norteamericana, en la Iglesia no existe el extranjero. Cada uno tiene derecho a una habitación dentro de esta gran casa que es la Iglesia. Esto nos cuesta un poco, porque entramos en otra dinámica. Parece que por haber nacido en un lugar u otro tienes o no suerte. ¿Qué mérito tengo yo por haber nacido en Italia respecto a otro que nació en Malí? Yo lo que veo es que por haber nacido en este lugar tienes una responsabilidad. Si Dios tiene un plan y formo parte de él, tengo que preguntarme cuál es mi responsabilidad a partir del lugar donde nací.

Publicado en el número 3.018 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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