Sumar años cotiza al alza

portada La quinta del papa Francisco 80 cumpleaños 3016 diciembre 2016 pequeña

EDITORIAL VIDA NUEVA | Jorge Mario Bergoglio cumple 80 años justo cuando comienzan a palparse las reformas de un pontificado. Francisco da la bienvenida a esta efeméride redonda sin atisbo alguno de cansancio o titubeo, sino con una denodada fortaleza espiritual e intelectual.

Lo hace al pie del cañón, como muchos de los hombres y mujeres de su generación, capaces de continuar al frente de instituciones o de seguir a pie de obra, más allá de los límites empresariales de la jubilación. En algunos casos han aparcado determinadas tareas, pero su vitalidad y vocación de servicio les ha llevado a asumir funciones no menos relevantes que solo se pueden desarrollar en plenitud si se cuenta con una experiencia probada.

Y aquellos que, por la enfermedad, se ven más limitados, son con su sola presencia y palabra signo y testimonio de lo vivido, la memoria que custodia la historia de una familia y de un pueblo. Como insiste Francisco, velar por los mayores implica preservar “los pulmones y santuarios de humanidad de un país” para el futuro.

Bien es verdad que un octogenario no tiene la agilidad física, que no frescura, de los jóvenes. No menos cierto es que un treintañero de hoy carece de la madurez y el recorrido vital de estos veteranos del 36. Basta echar un vistazo a la turbulenta infancia y juventud que curtió a quienes vivieron en España y Argentina, entre golpes de Estado, guerras, dictaduras y persecución, para comprender cómo imprimió en ellos una fortaleza frente a la adversidad y una permanente inquietud en la búsqueda de la dignidad del hombre. Son la primera generación en experimentar la aceleración de la historia, en sufrir los efectos de las atrocidades del siglo XX, pero también en ser testigos de una revolución tecnológica que no cesa, sin olvidar un aggiornamento eclesial sin precedentes.

Crecer en un tiempo turbulento
ha hecho que la generación Francisco llegue a los 80
con una mentalidad y corazón de profeta,
con dosis de audacia y sabiduría, como muestra su pontificado.

En este sentido, el Papa, como las personas de su quinta que se expresan en Vida Nueva, refleja una apertura a la novedad de Dios que dista mucho de la tendencia actual a dejarse atrapar por la comodidad de los derechos adquiridos o instalarse en el síndrome de Peter Pan. Esa dosis de audacia es la que permite que, a los 80 años, unos y otros tengan mentalidad y corazón de profeta, con una capacidad de liderazgo que permite poner en marcha nuevas empresas con esa libertad y riesgo que da haber lidiado y superado miles de batallas, con el discernimiento como el arma más eficaz.

Olvidar a esta generación, arrinconarla antes de tiempo o descartarla supone una condena para el futuro, un desarraigo que se paga caro. A esta sociedad de la eterna adolescencia no le vendría mal ser agradecida y aprender que sumar años cotiza al alza, al menos, en sabiduría, en espíritu y en verdad.

Publicado en el número 3.016 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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