Abonar un futuro en libertad para Cuba

EDITORIAL VIDA NUEVA | Ha muerto Fidel Castro. Fallece el dictador y, con él, desaparece el baluarte de la Revolución Cubana. Pocas dudas se generan a corto plazo en el país, más allá de lo que implica la desaparición del símbolo, en tanto en tanto que desde hace una década se ha venido realizando un traspaso de poderes que ha permitidio perpetuar el régimen sin apenas incidencias. De ahí que los debates surgidos estos días sobre una posible y deseada transición política inmediata caigan en papel mojado toda vez que termine el duelo mediático.

Lamentablemente, todavía resultan tímidos los gestos hacia aquella apertura que reclamó Juan Pablo II, a la luz de la manifiesta ausencia de derechos que padece cada día el pueblo y que se traduce en la ausencia de medios para vivir con dignidad. Pero no tiene que ser este motivo para la desazón, sino impulso para continuar dando pasos, como el desbloqueo con Estados Unidos promovido por la Santa Sede.

Y es que la Iglesia, tanto a pie de calle como desde la esfera diplomática, se perfila como la única institución capaz de devolver la esperanza a los cubanos, abonando desde lo cotidiano y sin alharacas la construcción de un verdadero futuro en libertad.

Publicado en el número 3.014 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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