¿Políticos cristianos?

JOSÉ LORENZO | Redactor jefe de Vida Nueva

“Creo en esos hombres y mujeres con clara vocación de servicio público y que se entregan a él no como un fin en sí mismo, sino como una aportación a la construcción del bien común, más allá de las siglas que los amparan…”.

Me inquieta la desafección social por los políticos. Aunque las encuestas del CIS los colocan con fijación entre los principales problemas que declaran tener los españoles, no quiero pensar qué problemas tendríamos si no tuviéramos políticos. Pero no cualquier clase de político.

Me sobran las cuotas de andreas fabras que hay en todas las formaciones. Pero sí creo en esos hombres y mujeres con clara vocación de servicio público y que se entregan a él no como un fin en sí mismo, sino como una aportación a la construcción del bien común, más allá de las siglas que los amparan.

Cuando se habla del papel de los cristianos en la política, precisamente se subrayan esas características. ¿Pero realmente tenemos hoy estos perfiles?

En el PSOE son una fuerza marginal a la que se ningunea con descaro. Todavía amparados por las alusiones al humanismo cristiano de sus estatutos, en el PP, a los que aún son, no se les nota el acento.

Por lo que se ve, una cosa son los golpes de pecho que se dan en los cursos de verano para abordar el papel de los políticos cristianos, y otra torear, desde esos postulados, el bicharraco de la doble recensión, una en cada pitón. En semejante faena ni se les ve y, lo que es peor, no se les espera.

En alguno de esos cursos habría que recordarles qué es lo que la Iglesia espera de ellos: “La Iglesia nunca determinará qué autoridades deben gobernarnos, pero sí exigirá a todas que estén al servicio de la comunidad entera; que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno; que tengan la justicia como meta y como norma, y que caminen decididamente hacia una equitativa distribución de los bienes de la tierra. Todo esto, que es consecuencia del Evangelio, la Iglesia lo predicará, y lo gritará si es necesario, por fidelidad a ese Evangelio y por fidelidad a la Patria en la que realiza su misión”.

En estos tiempos inciertos, esta parte de la homilía de Tarancón en la coronación del Rey sigue plena de actualidad.

En el nº 2.812 de Vida Nueva.