Cuando el Camino hace familia

La peregrinación a Santiago como oportunidad para unir a padres e hijos

El Camino en Familia peregrinación a Santiago de Compostela con niños

Alejandro, Águeda y sus hijos, fundadores de ECEF

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA. Fotos: ECEF | Alejandro Rodríguez y Águeda Rey siempre quisieron hacer el Camino de Santiago. Pero tras casarse y conformar una familia con tres hijos, la peregrinación jacobea parecía un proyecto pospuesto para muchos años. Todo cambió un día de 2010 en que a Águeda le diagnosticaron ELA, una enfermedad neurodegenerativa irreversible y sin cura conocida.

Entonces, Alejandro sorprendió a su mujer con la noticia de que ese mismo verano cumplirían su viejo sueño.

“Una vez le diagnosticaron la enfermedad tan grave a mi mujer –recuerda Alejandro–, empezamos a pensar con la perspectiva de los meses en vez de la de los años, por lo que me aventuré a organizarlo, sin más”.

Empezaba así una peregrinación en la que, ahora sí, habían de estar incluidos sus hijos, que entonces contaban con 13, 10 y seis años. Y no fueron los únicos, como explica agradecido: “Otros familiares cercanos y amigos quisieron acompañarnos a hacer el Camino con nosotros y también con sus hijos pequeños. Nos dijeron que nos acompañarían siempre en nuestro camino, ya fuera en el de Santiago o en el de nuestra nueva vida”.

La experiencia no pudo resultar mejor, como destaca Alejandro: “El gozo al entrar en la Plaza del Obradoiro, con mi mujer sonriente, de la mano de nuestra hija de seis años, es una imagen imborrable para los dos. Sabíamos que juntos, en familia, con valentía y esfuerzo, el Camino es más fácil y es un Camino que no termina”.El Camino en Familia peregrinación a Santiago de Compostela con niños

De ahí que, sin dudarlo, para el año siguiente, junto con otro matrimonio de su parroquia –la de Santa María de la Merced, en Las Rozas, Madrid–, con el que ejercían un grupo de voluntariado “para ayudar a otras familias con niños en la difícil tarea de la educación y en el fortalecimiento de valores cristianos”, organizaron como actividad de fin de curso un nuevo Camino de Santiago para padres e hijos.

Acudieron varias familias con niños de hasta tres años, para los que hicieron todo tipo de actividades en las que participaba el grupo entero: pintar conchas y piedras para dejar en el Camino, gymkanas, canciones infantiles, cuentacuentos, bailes…

“En fin –recalca Alejandro–, descubrimos que, en grupo y entretenidos, el Camino no solo lo pueden hacer los niños, sino que su forma de vivirlo hace que, para todos los que los rodeamos, la peregrinación sea algo realmente vivo y distinto a lo que estamos acostumbrados a ver y oír”.

Pero, ¿cómo convertir una experiencia parroquial en una propuesta abierta a cualquiera, para un modo de peregrinar diferente? A través del impulso de un proyecto empresarial, con la creación de El Camino En Familia (ECEF).

“Mientras caminas hacia Santiago,
puedes meditar, hablar con Dios, conocer
gente amable, disfrutar de la naturaleza y
del arte en las iglesias y ermitas…
Pero también puedes conocer más y mejor a tu familia”.

La novedad es que, a través de un equipo de monitores, ofrecen un acompañamiento total: coordinan cada etapa, transportan el equipaje, buscan alojamiento en hoteles, siguen el recorrido de los participantes con un coche escoba… Y, lo que les diferencia principalmente, idean todo tipo de actividades de entretenimiento para los más pequeños. En definitiva, se trata de ofrecer un Camino más cómodo y divertido. Para toda la familia.

El Camino en Familia peregrinación a Santiago de Compostela con niños

La familia Nieto-Díaz

Es evidente que quienes participan en este novedoso modo de peregrinar ven en él un extra, más allá de los tradicionales valores del Camino.

Es el caso de Águeda: “Mientras caminas hacia Santiago, puedes meditar, hablar con Dios, conocer gente amable, disfrutar de la naturaleza y del arte en las iglesias y ermitas… Pero también puedes conocer más y mejor a tu familia. La enfermedad pasa a un segundo plano, y lo verdaderamente importante de la vida, el amor, surge y se vive en plenitud. Creo que este espíritu del Camino, la ayuda de Dios y de la Virgen María me están ayudando a luchar contra mi enfermedad. Así lo siento”.

Tantos son los beneficios recibidos que, a pesar de las dificultades físicas, que en su caso son mayores, Águeda asegura que el Camino merece, sin duda, la pena: “En mi caso, supone un empuje de fuerza para todo el año. Ese estímulo me ayuda a entender que la vida la tengo que vivir con valentía, con afán de superación y con mucha fe. Solo así puedo ser feliz, disfrutar con cada pequeña cosa, y me cuesta menos regalar sonrisas. El Camino es una lección de vida”.

Diálogo sin prisas y auténtico

Otro valioso testimonio es el de Carmen Díaz, quien participó en una ruta de ECEF el año pasado junto a su marido, José Luis Nieto, y sus cuatro hijos, con edades de entre 11 y tres años. Como destaca Carmen, lo mejor de esta experiencia es que supone “una convivencia en marcha”, en la que, desde “el diálogo tranquilo, sin prisas y auténtico”, hay mucho más tiempo para conocerse todos entre sí, alejados de las preocupaciones rutinarias.

“Cada segundo del Camino
te ayuda a conocerte a ti mismo,
a los demás, a valorar más a quien
tenemos al lado y a quien no lo está”.

“Cada segundo vivido durante el Camino –añade– lo disfrutas, lo compartes, te ayuda a conocerte a ti mismo, a los demás, a valorar más a quien tenemos al lado y a quien no lo está. Además, dentro de nuestro grupo de familias, se trabajaron distintas actividades para motivar a todos los peregrinos, desde los mayores hasta los pequeños, en el esfuerzo, la superación de uno mismo, la amabilidad, la amistad, el amor a Dios, la alegría”.

En el nº 2.812 de Vida Nueva. Cuando el Camino hace familia, íntegro solo para suscriptores

 

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