Y frenar el gasto

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | Dice un viejo fandango andaluz: “Ahora sí que estoy a gusto; que estoy comiendo y bebiendo con personas de mi gusto”. Y es que para la fiesta hace falta poco más que actitud y ganas. Ha llegado la hora de ser solidarios y fraternos, evitando el gasto superfluo en las fiestas.

Tendría la Iglesia, y sus instituciones, que hacer un poco de análisis para revisar los presupuestos económicos de las fiestas y dar un paso adelante, con la imaginación como bandera. No se trata de arrancar el espacio y el tiempo festivo, sino de cambiarlo de sentido despojándolo de fastos inútiles.

Es el momento de no gastar pólvora en salvas de honor y ayudar a los cristianos a recuperar el genuino sentido de la fiesta para que nadie se sienta excluido.

Hay auténticos despilfarros en los eventos festivos de estos días. Y no solo ya en el dispendio familiar. También en el marco religioso que adorna cada fiesta veraniega.

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En el nº 2.812 de Vida Nueva.