Esto ya es una crisis social

JOSÉ LORENZO | Redactor jefe de Vida Nueva

“Las palabras pueden tener un efecto balsámico incluso en los espíritus más inflamables. La Iglesia gozó de esa confianza porque siempre ha habido pastores que supieron salir al paso de las dificultades…”.

Ya se había dicho. Primero, la crisis financiera, luego la económica, después la del desempleo y, ahora, la crisis social. En España es ya muy evidente. Se anuncia un otoño muy caliente tras las duras medidas de ajuste del Gobierno. Y si ahora hemos visto algunas muestras del enfado ciudadano, y no solo por los recortes, sino por la actitud de una clase política que sigue sin estar a la altura de las difíciles circunstancias, la desesperación de millones de empobrecidos puede resultar ingobernable. Es un riesgo cierto.

¿Qué hacer? Las palabras –para quien aún se las crea– pueden tener un efecto balsámico incluso en los espíritus más inflamables. La Iglesia gozó de esa confianza porque siempre ha habido pastores que supieron salir al paso de las dificultades, con espíritu profético y mentalidad mediadora.

Un ejemplo: “En la línea de los grandes principios, creemos que cualquier situación ha de partir de una más equitativa distribución de la renta nacional, y, en definitiva, de que los que tienen mayores beneficios económicos del progreso económico de nuestra nación renuncien a una parte de sus ganancias para compartirlas con los más débiles, que no pueden asegurar por el ahorro los medios económicos para los años de inactividad laboral”.

“En todo caso, el propósito de suprimir injustas desigualdades económicas y sociales debe ir unido al proyecto de promover con eficacia una fundamental transformación de las actuales estructuras jurídicas y económicas“.

“Toda la Iglesia, jerarquía y fieles, ha de sentirse interpelada por los graves problemas que tan directamente afectan a la dignidad de la persona humana. Es un deber tomar conciencia de los pecados colectivos y tratar de buscar solución a los desórdenes que todo pecado lleva consigo. La Iglesia no crea los problemas cuando los denuncia. No actúa movida por fines de política partidista, quiere actuar como continuadora de la misión de Cristo”.

Claro que estas palabras de hoy dos venerables eméritos (Gabino Díaz Merchán y Elías Yanes) fueron expresadas hace ya 41 años. Pero siguen siendo válidas, aleccionadoras para este presente, mientras seguimos esperando.

En el nº 2.811 de Vida Nueva.