Los obispos publican el documento sobre ‘la verdad del amor humano’

La CEE pone en valor el matrimonio y la familia, y apunta claves para mejorar su salud

matrimonio católico se abraza

FRAN OTERO | Tras un largo recorrido por varias plenarias y comisiones de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el documento La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar ya ha sido publicado hoy miércoles 4 de julio, con muchas dosis de análisis, denuncia y comprensión ante la realidad social, y con propuestas hacia dentro y hacia fuera.

Quieren los obispos, ante las nuevas circunstancias sociales y sus implicaciones en la institución familiar y matrimonial, proponer de nuevo, a los católicos y a los que deseen escuchar, los principios fundamentales sobre la persona humana sexuada, sobre el amor esponsal propio del matrimonio y sobre los fundamentos antropológicos de la familia.

“Nos mueve también el deseo de contribuir al desarrollo de nuestra sociedad”, se puede leer.

Así, la primera parte del documento hace un recorrido teórico sobre la cuestión del amor humano, que tiene su origen en el amor de Dios y que es respuesta a este. Analiza más en profundidad el amor esponsal, imagen del amor de Cristo a la Iglesia, y expone sus características: plenamente humano y total, fiel y exclusivo, fecundo.

Dicho esto, los obispos abordan las ideas que provocan “la disolución de la imagen del hombre”. Se centran, sobre todo, en la ideología de género: “Sin necesidad de hacer un análisis profundo, es fácil descubrir que el marco de fondo en el que se desenvuelve esta ideología es la cultura ‘pansexualista’. Una sociedad moderna ha de considerar bueno ‘usar el sexo’ como un objeto más de consumo”.

Una ideología, continúan los obispos, que se ha difundido gracias “a la manipulación del lenguaje”, que ha inspirado las políticas de los estados y que “busca, sobre todo, impregnar el ámbito educativo”.

“El matrimonio ha sufrido una desvalorización sin precedentes”

Como consecuencia de estas ideas, recoge el documento, se constata la falta de apoyo que sufren el matrimonio y la familia: “Si exceptuamos algunas ayudas económicas coyunturales, no solo han ignorado a estas instituciones, sino que las han ‘penalizado’, hasta dejar de considerarlas pilares claves de la construcción social. El matrimonio ha sufrido una desvalorización sin precedentes”. Desprotección que se manifiesta en leyes como el ‘divorcio exprés’ o la ley del aborto.

Así, en el nivel de las ideas, los obispos creen que se hace necesario recuperar por parte de todos “un lenguaje que sepa distinguir realidades que, por ser diferentes, nunca pueden equipararse. Hay que transmitir con claridad y sin ambigüedades lo que realmente son el matrimonio y la familia”, y lanzan una recomendación a los gobernantes: “No deberían dejarse guiar, en la gestión de lo público y social, por la voluntad subjetiva de grupos de presión, pequeños o grandes, fuertemente ideologizados y que solo buscan intereses particulares”.

No olvida el texto episcopal que detrás de estas teorías hay dramas y por eso quiere dejar claro que “la Iglesia abre siempre su corazón y ayuda. Nadie puede sentirse excluido, tampoco quienes sienten atracción sexual hacia el mismo sexo”.

En su última parte, el documento desciende hasta los hechos sociales para denunciar “la trampa de la emotividad en un mundo utilitarista”, la falta de reconocimiento y promoción de los bienes que el amor conyugal y la familia reportan a la sociedad, y de las legislaciones que discriminan o ni siquiera reconocen ni protegen al matrimonio.

Llamamiento a los gobernantes

Sobre esta última cuestión, los obispos afirman que “el matrimonio y la familia son bienes tan básicos para la sociedad que, además de ser reconocidos, requieren la debida promoción social. Son instituciones que estructuran y dan consistencia a las relaciones de los miembros de la sociedad; y esto no solo en momentos de crisis o desamparo como los que nos ha tocado vivir”.

En este sentido, el texto reitera a los políticos que asuman su responsabilidad –a los católicos especialmente– y que no refrenden con su voto “leyes como las vigentes, que dañan tan gravemente las estructuras básicas de la sociedad”.

Finalmente, y en su afán por la promoción de una cultura del matrimonio y de la familia, apunta algunas propuestas: el cuidado de la educación afectivo-sexual, cuyo lugar privilegiado es la familia; la renovación de la preparación al matrimonio, de modo que se propicie el acompañamiento y discernimiento de la vocación al amor esponsal, e itinerarios de fe que den contenido cristiano al noviazgo; así como el impulso de políticas familiares adecuadas.

En el nº 2.808 de Vida Nueva.