El servicio del ministerio petrino

EDITORIAL VIDA NUEVA | Como viene siendo tradicional, coincidiendo con la Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, se celebra el Día del Papa. Una ocasión más para mostrar la fidelidad creativa al sucesor de Pedro. En las circunstancias actuales, la celebración de este día reviste un particular significado de apoyo a Benedicto XVI, pues pone de relieve la importancia del ministerio petrino en favor de la renovación y de la unidad de la Iglesia.

La comunión eclesial tiene en esta figura un importante punto de referencia. Otros asuntos más propios de la actividad política y organizativa de la Iglesia pueden oscurecer el auténtico y genuino sentido del servicio del sucesor de Pedro.

Benedicto XVI viene mostrando a lo largo de su pontificado una importante labor de renovación como base para cualquier tarea evangelizadora. Las iniciativas que en este sentido el Papa ha puesto en marcha tienen como punto de llegada fortalecer la comunión, de ahí sus esfuerzos en el campo no solo ecuménico, sino también de unidad dentro de la misma Iglesia.

Otra labor importante está siendo la de alentar a la Iglesia a una purificación interna, no solo en la vida del ministerio consagrado, sino también del laicado adulto.

Por otro lado, la celebración del Año de la fe, del Sínodo sobre la Nueva Evangelización y el aniversario del Vaticano II, son una apuesta del Papa por mostrar la firmeza de la fe y la necesidad de una mayor clarificación doctrinal en tiempos de relativismo. El Papa, a quien en su momento se consideró de transición, está dando pasos importantes, a veces no entendidos, para asentar la doctrina, pero también por renovar el corazón de la misma Iglesia.

A Pedro le corresponde mantener íntegro
el depósito de la fe con la fidelidad
al Evangelio y a la sana Tradición de la Iglesia.
A Pablo le corresponde el dinamismo
de transmisión de esa fe.

En sus viajes, su lenguaje propositivo está siendo bien recibido y valorado, así como su discurso sobre el papel de lo religioso en el concierto de las naciones, en la cultura y en la sociedad actuales.

Esta fidelidad creativa al sucesor de Pedro no está exenta de pluralidad. En el diálogo se encuentra la verdad. El viejo profesor Ratzinger cree en el diálogo, aunque en muchas ocasiones se le quiera sustraer a ese dinamismo dialogante por parte de quienes, más papistas que el Papa, llevan el agua a su propio molino y olvidan el genuino sentido de la comunión.

Esta fiesta nos lleva a considerar las dos velocidades de la Iglesia, las que representan Pedro y Pablo. A Pedro le corresponde la de mantener íntegro el depósito de la fe con la fidelidad al Evangelio y a la sana Tradición de la Iglesia. A Pablo, el apóstol de los Gentiles, le corresponde el dinamismo de transmisión de esa fe a todos los rincones de la tierra.

Pedro es Roma y Pablo es cualquier rincón del mundo. “Pedro es nuestro guía en la fe que profesamos; Pablo, expositor preclaro de tus misterios. Pedro consolidó la Iglesia primitiva con los israelitas que creyeron; Pablo fue preceptor y maestro de los paganos, que Dios quería llamar a su Iglesia. Así, después de haber congregado por caminos diversos a la familia de Cristo, esa misma familia los asocia ahora en su veneración con una sola corona”, reza una vieja oración litúrgica de esta festividad.

Una ocasión de renovar la fidelidad al Papa, de vivir la comunión y de servir, desde la creatividad, a esa ansiada unidad en la pluralidad.

En el nº 2.807 de Vida Nueva. Del 30 de junio al 6 de julio.

 

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