¿Rescate al Vaticano?

JOSÉ LORENZO | Redactor jefe de Vida Nueva

“Los propios cristianos ya no están dispuestos a agachar la cabeza ante los comportamientos inmorales de quienes se han consagrado a Cristo, desvirtuando el concepto asumido de ‘servicio’ y, además, causando ‘una fortísima carga de sufrimiento’ a los creyentes…”.

Gian Franco Svidercoschi, antiguo subdirector de L’Osservatore Romano, influyente periodista que ha trabajado de cerca con relevantes personalidades que han marcado la historia de la Iglesia en las últimas décadas, está en crisis. Lo cuenta en Me duele la Iglesia (Editorial San Pablo), una especie de desahogo espiritual, el lamento de un indignado que, en vez de ir a acampar en solitario a la Plaza de San Pedro, ha puesto por escrito sus dudas –también sus esperanzas– sobre el presente y el futuro de la Iglesia justo cuando se cumple medio siglo de la apertura del Vaticano II. Un hecho este que también a él le cambió la vida, o mejor, la forma de vivir su fe.

Con dolor, por las páginas desfilan los graves hechos que están conmocionando a una parte importante de la comunidad creyente (abusos sexuales, escándalos financieros, intrigas curiales…). Es un dolor que nace del desconcierto, de la pena, incluso de la rabia.

Pero con amor, también al Papa, al que percibe solo y desasistido, lanza un grito para enderezar el rumbo, para volver a fijar la mirada en la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que no solo sea maestra, sino también madre, que predique el Evangelio de la esperanza, de la alegría, del consuelo y la acogida.

Su alegato nace también de una constatación: los propios cristianos ya no están dispuestos a agachar la cabeza ante los comportamientos inmorales de quienes se han consagrado a Cristo, desvirtuando el concepto asumido de “servicio” y, además, causando “una fortísima carga de sufrimiento” a los creyentes, que ven a la institución eclesial a los pies de los caballos de un mundo descreído, que apenas es capaz de contener la risa burlona ante el espectáculo.

Ahora que estamos con rescates, estas páginas semejan una petición en toda regla al pueblo de Dios para rescatar al Vaticano de los cuervos y demás pájaros que anidan en él al calor del carrerismo. Una llamada para que la Iglesia de mañana siga teniendo un pueblo y esta sea capaz de acampar en medio de él. Y cree que, para eso, habría que retomar lo que empezó hace cincuenta años. Volver al Vaticano II. Recapitalizar de fe las estructuras.

En el nº 2.805 de Vida Nueva.