Toca limpiar los sótanos del Vaticano

Paolo Gabriele, mayordomo papa Benedicto XVI detenido filtraciones Vatileaks

Paolo Gabriele, el ayudante de cámara del Papa que ha sido detenido por las filtraciones

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | Nada más apetitoso para ávidas imaginaciones de artesanos del best seller que lo que aflora de las trastiendas vaticanas estos días. Crece el bulo, se dispara la leyenda y la ficción, superada por la realidad, se pone a trabajar a cuenta de unos documentos secretos.

Algo de esto le pasó a André Gide, poseedor de una serie de papeles sobre los que fabuló en Los sótanos del Vaticano, en el que se habla de un pontífice secuestrado y suplantado por un títere. Andaban por medio la francmasonería, los Protocolos de Sión y un mundo oscuro que crecía en las cavas vaticanas. El atormentado escritor francés buscaba purificar la institución.

Pesa la historia como pesa la tiara. Benedicto XVI, poco apegado al oscurantismo curial, decía a los pocos días de su elección: “En este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo?”.

Unos días antes, tras su elección, y de forma improvisada, les había dicho a los cardenales que, con su elección, el Señor había querido hacerlo “piedra en la que todos puedan apoyarse con seguridad. A él le pido que supla la pobreza de mis fuerzas”. Y se rodeó de amigos fieles. Hace unos días, el mismo Papa se lamentaba de las traiciones de algunos de ellos.

Van saliendo “topos”,
a los que la prensa italiana llama “cuervos”.
El periodista que ahora publica el material
insinúa que las filtraciones no tienen motivos económicos,
sino un deseo de hacer ver al Papa
la necesidad de limpieza en la Curia.

Van saliendo “topos”, a los que la prensa italiana llama “cuervos”. El periodista que ha recibido el material que ahora se publica, Gianluigi Nuzzi, acaba de insinuar que las filtraciones no tienen motivos económicos, sino un deseo de hacer ver al Papa la necesidad de limpieza en la Curia. Algo de esto es lo que ya expresaba Gide en su novela.

El arresto del mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, Paoletto, ha hecho saltar las alarmas y el serial promete continuar. De forma paralela, no inocente, pero sí injusta, se mete en el mismo saco a quien hasta ahora ha sido el director de la Banca Vaticana, Ettore Gotti Tedeschi. Mezclar ambas cosas no es aconsejable.

Este hombre, representante del Banco Santander en Italia, miembro del Opus Dei, editorialista de L’Osservatore Romano, ha sido depuesto de forma fulminante y de malas maneras cuando intentaba poner orden en los dineros del Papa, como ya hizo Carlo Maria Viganò, a quien mandaron poner tierra de por medio.

Trabajo le está costando a Ratzinger sanear la Curia. Hombre sencillo, tocado con su boina bávara, todos lo recuerdan sonriente y afable atravesando la Plaza de San Pedro cada mañana. Por la tarde, el estudio, los lieder alemanes al piano y sus conferencias apuntalando la doctrina en tiempos relativistas. Juan Pablo II recorría el mundo mientras en Roma crecían vientos provocadores de estas tempestades.

La elección del cardenal Bertone sorprendió a no pocos. La campaña contra él avanza conforme se aproxima un cónclave. Ya buscan un candidato que mire para otro lado y se dedique a tareas pastorales, dejando en sus manos “los recios asuntos curiales”. Y para eso, todo vale.

Benedicto XVI hizo frente a la pederastia y a las corruptelas de Maciel, ha proclamado la necesidad de renovación y sigue con mano firme, pese a su debilidad física, con una tarea regeneracionista que marcará su pontificado y cuyos frutos recogerá su sucesor. Son los tiempos de la Iglesia.

director.vidanueva@ppc-editorial.com

En el nº 2.803 de Vida Nueva.

 

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