Los obispos lefebvristas, divididos entre sí

Solo el superior Bernard Fellay estaría dispuesto a aceptar las condiciones de Roma

Bernard Fellay obispo lefebvristas Fraternidad San Pío X

El superior de la FSSPX, Bernard Fellay, ante un retrato de Benedicto XVI

ANTONIO PELAYO. ROMA | La peor de las hipótesis probables en la solución del “caso Lefebvre” es la que acaba de confirmarse; se ha producido lo que podríamos llamar un “cisma dentro del cisma”: los cuatro obispos consagrados ilegítimamente en el ya lejano 1988 por monseñor Marcel Lefebvre –Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, el británico Richard Williamson (conocido por su negación del Holocausto) y el más joven, el español Alfonso de Galarreta– están profundamente divididos entre sí a propósito de la respuesta que debe dar la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) al Preámbulo Doctrinal que en su día les propuso la Congregación para la Doctrina de la Fe como conditio sine qua non para reintegrarles en la plena comunión con la Iglesia universal.

De este lamentable hecho da constancia un escueto comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede. “Como ya han anticipado las agencias de noticias, hoy 16 de mayo de 2012 –dice el texto– se ha reunido la sesión ordinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe y se ha discutido también la cuestión de la Fraternidad San Pío X. En concreto, se ha examinado el texto de la respuesta de S.E. Monseñor Bernard Fellay, llegada el 17 de abril, y se han formulado algunas observaciones que serán tenidas en cuenta en las ulteriores discusiones entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X. A la vista de las posiciones adoptadas por los otros obispos de la Fraternidad San Pío X, su situación deberá ser tratada separada e individualmente”.

Comentando el comunicado, el P. Federico Lombardi ha añadido este dato: “Los contactos no se tendrán en un plazo muy breve ni estamos en la fase final, como podía parecer”.

El hecho “nuevo” que se ha introducido en el ya de por sí complicado iter de la negociación ha sido la carta que hicieron pública el 7 de abril los tres obispos, disintiendo de su teórico superior Fellay.

Según ellos, la aceptación del Preámbulo exigida por Roma supondría “ponernos en las manos de los modernistas y liberales, cuya pertinacia acabamos de constatar (…). El pensamiento del Papa actual está impregnado de subjetivismo”.

los cuatro obispos lefebvristas Fraternidad San Pío X, Fellay, Galarreta, Williamson y Tissier

De izq. a dcha., Galarreta, Williamson, Fellay y Tissier

Les contestó algunos días más tarde Fellay, argumentando que “el principio de la unidad de nuestra Fraternidad es el superior general, pero desde hace algún tiempo intentáis –cada uno de un modo diferente– imponerle vuestro punto de vista, incluso con amenazas hechas en público”. Con cierta amargura, reconoció que no puede excluirse una división dentro de la Fraternidad.

Nuevas filtraciones de documentos confidenciales

La posible irrecuperabilidad del “cisma lefebvriano” no es la única preocupación de Benedicto XVI en estos días. Acaba de salir a las librerías italianas el libro Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI, del que es autor Gianluigi Nuzzi. Este periodista ha encontrado un filón escarbando en las miserias de la historia eclesiástica. Lo hizo con el libro Vaticano S.A. y con una emisión televisiva titulada Los intocables, donde ya hizo públicos algunos documentos reservados.

Su nueva aportación a esta tentadora serie es la publicación de un centenar de textos –cartas al Papa, informes de las nunciaturas, despachos cifrados de la Secretaría de Estado, etc.– que le ha proporcionado María, el seudónimo escogido por su –o sus– “garganta profunda”. Esta asegura haber actuado de este modo para sentirse “libre, liberado de la insoportable complicidad de quien, sabiendo, calla”.

Los documentos no son todos recientes y revisten desigual importancia. Son, sin embargo, todos auténticos, y se refieren a asuntos muy diferentes entre sí: desde las cartas que el dimitido director del Avvenire, Dino Boffo, dirigió a monseñor Georg Gänswein para explicarle los contornos del complot del que se siente víctima, hasta los meandros del caso Marcial Maciel o de las finanzas vaticanas.

cardenal Tarcisio Bertone, secretario Estado Vaticano

El cardenal Bertone

Hay un eje informativo sobre el que se da una casi obsesiva insistencia: las actuaciones del actual secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone. No parece difícil imaginar que el libro forma parte de una más amplia operación desestabilizadora del primer colaborador del Papa.

Sobre Bertone y ETA

Uno de los asuntos novedosos más significativos es un mensaje del citado Bertone al nuncio en Madrid, Renzo Fratini, dándole instrucciones sobre el comportamiento que debe seguirse con ETA. Tiene fecha del 10 de enero de 2011, cuando la organización terrorista ya había anunciado oficialmente el final de la lucha armada.

Dice así: “Hago referencia al mensaje cifrado n. 263 del 3/01/2011 y al sucesivo e-mail de ayer 4 de enero de 2011 sobre la posibilidad de un encuentro en la sede de esa Representación Pontificia con algún exponente de la organización terrorista armada ETA, con el fin de [hacer] una declaración por parte suya de una tregua unilateral, permanente y verificable internacionalmente”.

“Teniendo en cuenta lo que nos refiere S.E. Monseñor José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián, estamos de acuerdo con V.E. sobre la inoportunidad de aceptar dicho encuentro. Es igualmente útil tener presente que el Vicepresidente y Ministro del Interior de ese gobierno, el honorable Rubalcaba, ha declarado recientemente que esa organización no debe declarar ninguna tregua, sino solo disolverse”.

“Además, se pide a V.E. que tome contacto con el honorable Jaime Mayor Oreja con el fin de escuchar su parecer sobre la situación actual de ETA y sobre sus verdaderos objetivos. La conversación con ese parlamentario será útil, porque en el futuro esa Nunciatura Apostólica podría recibir propuestas análogas a esta de palabra, a pesar de la actual negativa. Si esto llegase a suceder, se ruega a V.E. que continúe informando a esta Secretaría de Estado y, en todo caso, antes de tomar decisión alguna, debería obtener el acuerdo del gobierno y de la oposición; además sería necesario poner a esa organización como condición previa que deponga las armas y la petición de perdón por todos los crímenes cometidos durante diversas décadas de lucha terrorista armada. Bertone”.

Ya en el pasado, la Santa Sede había reaccionado con vehemencia a esta violación de sus secretos (recuérdese el funcionamiento de tres las comisiones creadas para descubrir a los culpables de la misma).

Esta vez ha ido aún más lejos, como se hizo saber en un comunicado del 19 de mayo: “La nueva publicación de documentos de la Santa Sede y de documentos privados del Santo Padre ya no se presenta como una discutible –y objetivamente difamatoria– iniciativa periodística, sino que asume claramente los caracteres de un acto criminal. El Santo Padre y algunos de sus colaboradores y de los autores de las misivas a Él dirigidas han visto violados sus derechos personales a la reserva y a la libertad de correspondencia”.

“La Santa Sede –sigue la nota– continuará profundizando los diversos aspectos de esta violación de la privacidad y de la dignidad del Santo Padre como persona y como suprema autoridad de la Iglesia y del Estado de la Ciudad del Vaticano, y llevará a cabo los paso oportunos, a fin de que los autores del robo, del encubrimiento y de la divulgación de noticias secretas, incluido el uso comercial de documentos privados, ilegítimamente recogidos y retenidos, respondan de sus actos ante la justicia. Si fuera necesario, para este fin pedirá la colaboración internacional”. [Editorial: Filtraciones en el Vaticano]

“Dios permanece”

Quizás para aliviar al Papa de tantas inquietudes, tuvo lugar el miércoles 16 de mayo la proyección, en la Sala Clementina, del telefilme María de Nazareth, una coproducción italo-alemano-española, algunos de cuyos protagonistas estaban presentes.

El guión entrecruza las vidas de Herodías, María Magdalena y María, “tres experiencias –dijo el Pontífice–, tres paradigmas de cómo se puede concebir la existencia: sobre el egoísmo, la cerrazón en uno mismo y las cosas materiales dejándose guiar por el mal, o sobre el sentido de la presencia de un Dios que ha venido y permanece en medio de nosotros y que nos espera con bondad si nos equivocamos y nos pide que lo sigamos, que confiemos en Él”.

En el nº 2.802 de Vida Nueva.