Un caso particular

PABLO d’ORS | Sacerdote y escritor

“La libertad no es algo que me pueda dar ni la Iglesia ni nadie. La libertad es más bien la conquista de lo que somos…”.

“Es que tú eres un caso particular”, me dicen a veces. Pero, ¿quién no es, y quiere ser, un poco especial? No niego que mi vida sea singular: entre el arte y la religión, la iglesia y el mundo, la increencia y la devoción…

Tengo claro que soy un puente, muy limitado y lleno de agujeros, pero puente al fin y al cabo. Me gusta escribir, y así me hago un hueco en la sociedad; y me gusta lo que antes se llamaba piedad, y así encuentro mi espacio en la Iglesia.

Más que creyente, soy un hombre pío; y, en esencia, me siento tolerado por mis superiores. No pido más. Entiendo que no se me convoque a foros eclesiales. Y no porque sea molesto –y mucho menos profético–, sino porque lo que digo y hago no coincide totalmente con lo establecido. No es que sea un hereje, eso no es tan fácil. Es, simplemente, que represento una línea legítima pero diferente a la institucional.

Confío que la Iglesia entienda que nunca me ha movido el afán de trasgresión o, más sencillamente, de sobresalir. Todo lo contrario: soy discreto y me gustaría serlo más. La discreción es para mí una meta, una virtud. Me llama más el anonimato que la popularidad. Es solo que –cómo decirlo– no puedo dejar de ser como soy. Que para mí ese es el principal imperativo de Dios.

La libertad no es algo que me pueda dar ni la Iglesia ni nadie. La libertad es más bien la conquista de lo que somos. La libertad nace cuando nos entregamos a una obra, a una causa, a una persona. Y cuando en medio del gregarismo reinante –incomprensible, intolerable–, surge algo genuino y original.

En el nº 2.801 de Vida Nueva.