El Atrio de los Gentiles, ya en España

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | El Atrio de los Gentiles celebra una de sus sesiones en España. Era una de las viejas aspiraciones del Pontificio Consejo para la Cultura. Hace falta tener el terreno bien abonado y que el escenario sea propicio para no equivocar el tiro. De lo contrario, se desvirtúa el espíritu de esta iniciativa de Benedicto XVI: “Pienso que también la Iglesia debería abrir una especie de ‘atrio de los gentiles’ donde los hombres pudiesen, en cierta manera, acercarse a Dios sin conocerlo y antes de haber encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio está la vida interna de la Iglesia”.

Esto fue lo que el Papa dijo en el discurso a la Curia romana el 21 de diciembre de 2009. Ha llovido desde entonces y no está siendo fácil la tarea, mirada con recelo en algunas instancias curiales que ven sincretismo en todos los sitios y que gustan de un trabajo más apologético, algo que nada tiene que ver con esta iniciativa. Ahora llega a Barcelona. Habrá que estar ojo avizor. Me da a mí que se está diluyendo la pulpa de la idea. A cualquier cosa se le llama ya “Atrio de los Gentiles”.

Pulula la iniciativa por doquier, pero cada uno le da su propio sello y ya hay sitios que a lo que eran jornadas culturales, foros de fe y cultura o pastoral universitaria, ahora le cuelan el nombre y así van de modernos. “No, no es eso; no es eso”, que dijera Ortega y Gasset.

Barcelona abre sus puertas estos días
a la edición española de la iniciativa,
abortada en Madrid en su momento;
allí no parecía abonado el terreno

No es eso lo que ya en Munich empezó el Papa y después propuso en Roma y fue recogido por el presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, el cardenal Gianfranco Ravasi. Es un espacio para escuchar y ser escuchado, no es un espacio apologético ni un espacio evangelizador. Es un espacio de cuestionamiento de la fe en el encuentro con otros cuyo pensamiento no está movido por la trascendencia. Es otra cosa.

Barcelona abre sus puertas estos días a la edición española de la iniciativa, abortada en Madrid en su momento, como se ha venido comentando estos días en la prensa. En torno al emblemático templo de la Sagrada Familia, con un diseño muy personal del cardenal de Barcelona y la buena batuta de Armand Puig, aparcados otros colectivos, Sistach va cerrando su ciclo y este iniciativa loable ha encontrado asiento en Barcelona. En Madrid no parecía abonado el terreno.

Yo mismo, que estuve en la edición de París y conozco bien lo que se hizo en Bolonia y lo que se preparaba en Madrid, con todo atado y bien atado en esta casa, me sorprendo de cómo va derivando la idea. Ni todo el monte es orégano ni todo es atrio de los gentiles, y a veces, la magnesia no casa con la gimnasia.

No se trata de traer a la gente;
se trata de hablar con ella en su terreno,
con sus categorías ideológicas y, en ellas,
presentarle la grandeza de nuestra fe

El Atrio puede ser una gran iniciativa que pueda repetirse en muchos rincones del mundo. Pronto tomará los bártulos y se irá a otros continentes. Europa no parece que lo tenga muy asimilado.

Hay algo que está en la base de la iniciativa y que cuesta trabajo encontrar. Y es el deseo de diálogo, las ganas de aprender, la actitud humilde, el camino sencillo. El Papa lo ha venido haciendo en sus discursos en Berlín, Londres, Viena, Praga y Portugal. Habrá que releer mucho lo que dijo en esas ocasiones y habrá que preparar el terreno antes de empezar la iniciativa.

No se trata de traer a la gente; se trata de hablar con ella en su terreno, con sus categorías ideológicas y, en ellas, presentarle la grandeza de nuestra fe. Lo otro es apologética. Legítima, sí, pero apologética pura y dura.

director.vidanueva@ppc-editorial.com

En el número 2.801 de Vida Nueva.

 

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