La Inquisición siguió

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | Es un error decir que en las Cortes de Cádiz fue suprimida la Inquisición. Lo hizo Napoleón en Chamartín, en 1808, pero no quedó muy claro en 1813, aplicando el espíritu de 1812. Volvió más tarde en sucesivas etapas y, hasta 1834, con María Cristina, no quedó totalmente abolida.

Desapareció el Santo Oficio y su contextura civil, pero, como dijera Caro Baroja, no desapareció el espíritu inquisitorial. Eso es harina de otro costal.

En Cádiz se quitó hierro a los motivos políticos, pero no se quiso eliminar del todo el cordón sanitario de los Pirineos a lo religioso. Todo el siglo XIX se convirtió en un hervidero de ideas que intentaban salir, empujándose, forcejeando a través de un cuello de botella, intentando buscar la salida hacia un mundo de luz, de belleza y de libertad.

Desaparecieron los instrumentos de tortura y pasaron a museos del horror, pero no desapareció el deseo de amordazar, controlar y seguir limpiando y dando esplendor a una única verdad.

Desapareció el Índice de Libros Prohibidos, pero siguió aumentando el listado de heterodoxos. Desapareció la Inquisición, pero siguió su espíritu agazapado en muchas mentes nostálgicas de aquellos tiempos oscuros.

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En el nº 2.794 de Vida Nueva.