Gallardón, padre espiritual

JOSÉ LORENZO | Redactor jefe de Vida Nueva

“Alberto Ruiz-Gallardón, que ha pasado de horadar Madrid a perforar la moral del pensamiento feminista, ha introducido un elemento nuevo en el tradicional discurso sobre el aborto: el de la ‘violencia de género estructural’…”.

Probablemente, la reforma del aborto que planea el PP dejará esta normativa en los mismos términos que cuando fue aprobada por primera vez, en 1985, podando de la actual, impulsada por el Gobierno de Zapatero, aquellas medidas más controvertidas, como la de que las menores de 16 años no necesitasen permiso paterno para abortar. ¿A qué, pues, semejante cabreo del PSOE ante las palabras del ministro de Justicia en el Congreso?

Alberto Ruiz-Gallardón, que ha pasado de horadar Madrid a perforar la moral del pensamiento feminista, haciendo aflorar lo más radical y excluyente del mismo, ha introducido un elemento nuevo en el tradicional discurso sobre el aborto: el de la “violencia de género estructural”.

Según el exalcalde, esta violencia obliga a las mujeres a abortar por el simple hecho de estar embarazadas. Que existe esta presión es indiscutible, y no solo en los hogares (ya sea la que ejercen los padres de las embarazadas o sus propias parejas), sino también, y de manera muy recurrente, en el trabajo. Y, en este campo, la reforma laboral del Gobierno de Rajoy no ayudará mucho a evitar la presión a las gestantes. Esto es lo más incoherente en la postura sostenida ahora por Gallardón.

Pero el enfado viene también (hay que oír a Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, para darse cuenta de hasta qué punto les ha descolocado) porque el ministro que, personalmente, no recurriría las bodas gays ante el Constitucional, ha rescatado el argumento de la opresión del poder sobre los más débiles, utilizado tradicionalmente por la izquierda, para poner en el centro del debate el del derecho de la mujer a ser madre, un sí a traer vida al mundo, y a traerla en unas condiciones que no siempre facilitan ni la sociedad ni el Estado.

Este de Gallardón es también el discurso que al respecto mantiene la Iglesia, el derecho a dar y tener vida, aunque ella no siempre logre verbalizarlo sin dejar un poso de culpabilización.

De ahí que el anuncio del ministro le huela a Valenciano a moralina de “padres espirituales”, a los que no quiere ver ni en pintura. Cuando, de verdad, esa apuesta es la más progresista que, efectivamente, jamás haya hecho Gallardón.

En el nº 2.793 de Vida Nueva.