‘Gaudium et Spes’. La Iglesia y la ciudad secular

Alcance y actualidad de uno de los documentos fundamentales del Vaticano II

cristianos en una procesión llevan velas

FRANCISCO A. CASTRO PÉREZ, sacerdote de la Diócesis de Málaga | Celebramos este año el cincuentenario de la solemne apertura del Concilio Vaticano II. En el marco de dicha conmemoración, nos acercamos aquí a uno de los documentos fundamentales –también el más extenso– de aquel histórico acontecimiento: Gaudium et Spes, la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Toda una declaración de principios de una institución deseosa de aportar sus elementos específicos a una sociedad que avanzaba por caminos nuevos, llenos de grandes posibilidades e incertidumbres sombrías.

La relación entre la Iglesia y el mundo tiene su fundamento más cierto y su norma en esta afirmación del Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único… para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 16s.). Pablo VI lo expresa de forma escueta: “La Iglesia es para el mundo”.

La relación peculiar que los cristianos estamos llamados a establecer con el resto de la sociedad es de amor y servicio. Esta relación brota de la vida que el Señor comunica a los suyos y del mandato de extender esta vida a todos. Esta es la razón de ser de la Iglesia, que el Concilio define como “sacramento universal de salvación” (GS 45). personas fieles cristianos asisten a misa en una iglesia

Ahora bien, ¿cómo cumplir esta vocación en una sociedad que se declara adulta y emancipada, que dice no necesitar otra salvación sino la que le proporcionan los avances técnicos, o que reniega de cualquier propuesta de sentido, después de proclamar que “Dios ha muerto” (Nietzsche)? ¿Cómo ofrecer lo más necesario, “la sal y la luz”, a quienes ya dicen tener su propia sal y su propia luz?

Y, sobre todo, ¿debemos aportar los cristianos algo a la construcción de este mundo, o solo sirve la fe para preparar a un mundo futuro, dejando intactos los asuntos que tanto preocupan a nuestros contemporáneos?

En este panorama se sitúa la Iglesia al final del segundo milenio. La Iglesia, a través de ese magno ejercicio de discernimiento que fue el Concilio Vaticano II, busca el modo en que pueda cumplir su misión en un mundo cuyos parámetros han cambiado de forma radical y vertiginosa.

El 7 de diciembre de 1965, un día antes de la solemne clausura del Concilio, fue promulgada la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Fue uno de los documentos que más tardó en ver la luz, después de una ardua elaboración y dos debates en el aula conciliar (1964-1965). Es, también, el más extenso de todo el corpus textual del Concilio.

La Iglesia desea dirigirse al mundo
como una institución capaz de aportar elementos específicos
a una sociedad que avanza por caminos nuevos,
llenos de grandes posibilidades e incertidumbres sombrías.

Al documento, conocido antes de su publicación como “esquema XIII”, se alude por sus primeras palabras en latín: Gaudium et Spes (GS), esto es, “el gozo y la esperanza”. Este comienzo da una idea del tono vitalista con el que la Iglesia desea dirigirse al mundo, como una institución capaz de aportar elementos específicos a una sociedad que avanza por caminos nuevos, llenos de grandes posibilidades e incertidumbres sombrías.

Para acercarnos al mensaje de este importante texto y comprender su alcance y actualidad, nos detendremos en varios puntos:

  • En primer lugar, conviene conocer la intención que subyace a Gaudium et Spes: la Iglesia hace una propuesta de diálogo y colaboración a una sociedad que vive en proceso de secularización.
  • En segundo lugar, conviene analizar cómo se conjugan en GS la intención pastoral y la seriedad doctrinal de sus afirmaciones. Centrándonos en la primera parte de la constitución, veremos el lugar que ocupa la cuestión de la persona.
  • A continuación, llegamos a la médula de la enseñanza de GS: Cristo responde a los interrogantes profundos del hombre. La constitución pastoral coloca a Jesucristo, Verbo encarnado, en el centro de la concepción creyente del ser humano.
  • Por último, evaluaremos la actualidad y los límites del documento, su capacidad para seguir iluminando el modo de situarse la Iglesia ante los retos de nuestro tiempo.

Pliego íntegro, publicado en el nº 2.792 de Vida Nueva.

 

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