¿México contra Dios? Cae una vieja falacia

gente agita la bandera de México e imagen de la Virgen de Guadalupe

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | Corre por las librerías un libro titulado México contra Dios, de Francisco Moreno, empeñado en una curiosa saga novelesca mexicana. Dios y Revolución son antagónicos. Es lo que han estudiado las generaciones formadas por el PRI. No se puede hacer la revolución sin desterrar a Dios. Mezcla de marxismo ideológico y de soflamas de Pancho Villa y su troupe. Benito Juárez, al menos, pensaba más.

Allí todo es emergente, vivo, atávico, telúrico, rico, variado, revolucionario, espasmódico, vitalista. Colorido de Frida Khalo, en cuya casa de Coyoacán se muestra la colección de exvotos y grabados religiosos. Ahorita no más. Una montaña rusa, una revolución tras otra.

El calendario mexicano lo marcan las revoluciones. He perdido la cuenta de las veces que la pierna del Héroe de Tampico, el general López de Santa Ana, fue llevada y traída del templo al estercolero. Un tótem, una divinidad. La Santa Muerte conviviendo con la hornacina de Guadalupe y, en el Zócalo, siguen las danzas evocando a los dioses aztecas, desafiando la catedral.

La Revolución ni pudo con Dios ni pudo con los dioses del Templo Mayor. Un cristianismo emotivo. Hoy se va a la zaga de la Razón, al estilo de Ratzinger. No es una búsqueda cristera, es una búsqueda racional. No sé qué dirá Jorge Volpi y su ideologizante campaña. Me quedo con el Laberinto de la soledad, de Octavio Paz, tan respetuoso, tan cálido, tan abierto, tan trascendental. Recomiendo al Papa que lo lea antes de visitar Méxic. [Agenda de la visita de Benedicto XVI a México y Cuba]

La Revolución ni pudo con Dios
ni pudo con los dioses del Templo Mayor.
Un cristianismo emotivo.
Hoy se va a la zaga de la Razón, al estilo de Ratzinger.
No es una búsqueda cristera, es una búsqueda racional.

Una montaña rusa. Eso es México. Lo dice Carlos Fuentes en La Silla del Águila. En un momento, una de las protagonistas le dice a su amante: “Tú serás presidente de México. Te ponen en el pecho la banda tricolor, te sientas en la Silla del Águila y ¡vámonos! Es como si te hubieras subido a la montaña rusa, te sueltan… y haces una mueca que se vuelve tu máscara… la Silla del Águila es nada más y nada menos que un asiento en la montaña rusa que llamamos La República Mexicana”.

Y en el vaivén, siempre asomaba una sotana al aire, una cruz como espadón, un convento ardiendo y unos frailes encarcelados. El cura Hidalgo gritó contra los gachupines españoles en Dolores. Allí mismo, los cristeros blandieron sus espadas y en El Bajío, en Guanajuato, estará Benedicto XVI en su próxima visita a México, buscando reiniciar el ardor evangelizador del siglo XXI. Una nueva y silenciosa revolución.

Como en una montaña rusa estaba López Portillo cuando recibió a Juan Pablo II en su primera visita al país, en enero de 1979, empeñado contra viento y marea en que México fuera el primer eslabón de una cadena de más de un centenar de viajes. En su diario, el entonces presidente decía: “Resolví recibirlo. Brevemente le di la bienvenida. Le deseé que su misión de paz, concordia y esfuerzo por la justicia tuviera éxito y lo dejé en manos de las jerarquías y fieles de su Iglesia (…) Era interesante abrirle esta opción al pueblo. Siente el peso y transición de la historia y está muy consciente del misterio, al que respeta. Cuestiona el derecho a imponer la fe por la fuerza, como todo patrón cultural. Está consciente del problema de la miseria. Lucha por la justicia”.

Dios o Revolución. Ha llegado la hora de romper la falacia. México no está contra Dios. Dios tiene mucho que decir a México.

director.vidanueva@ppc-editorial.com

En el nº 2.792 de Vida Nueva.