Cuando el Concilio se vuelve tema obsoleto

JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | Roma, 19 de octubre de 1962. En un convento de Via delle Mura Angeliche, el Mater Dei, se reunían, convocados por el obispo de Maguncia, 25 obispos y teólogos franco-alemanes. No estaban de acuerdo con el esquema presentado por la Secretaría General del Concilio. “Se trata de una operación de limpieza intelectual en los muros de la escolástica”, dijo el P. Chenu. Había que desmantelarlo.
Unos pedían redactar un esquema nuevo; otros eran más cautos, solo reformarlo. Jacobinos y girondinos a las puertas del Vaticano. Todos querían cambios, pero por vías distintas.
Lo primero que había que hacer era clausurar solemnemente el Vaticano I, disuelto en medio de una tormenta estival mientras Garibaldi asediaba Roma. Tampoco se trataba de realizar el sueño de Pío XII cuando, a finales de los años 40, quiso convocar un concilio para encauzar las reformas bíblica, litúrgica, catequética y ecuménica.
El síndrome de Lampedusa: “Cambiar todo para que todo continuase igual”. Jacobinos y girondinos buscaban un cambio más copernicano. El Rhin desembocaba en el Tíber. Tuvo que llegar el nuevo Papa, Montini, para facilitar el trasvase. Fue entonces cuando el Concilio cambió de rumbo. [Seguir leyendo]










