África, memoria y compromiso por la paz

EDITORIAL VIDA NUEVA | África es el continente de la esperanza. En la reciente visita de Benedicto XVI a Benín, las Iglesias locales han recibido el documento Africae Munus, sobre el que incidimos en este número de Vida Nueva y en el que el Papa presenta los resultados del II Sínodo de Obispos para África, celebrado en octubre de 2009 bajo el lema La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y la paz.

En un continente con graves carencias hasta niveles realmente inhumanos, y en donde el hambre asola países enteros, a pesar de la inmensa riqueza del suelo, la Iglesia tiene una voz que proclamar. Y lo hace en momentos de crecimiento y de primavera eclesial, a pesar de las dificultades y de muchos inconvenientes.

Hoy, el continente, sus gentes, los más pobres, necesitan de la Iglesia, de su voz profética y de la acción de muchos hombres y mujeres que desde la Misión vienen poniendo en hora el reloj de África, atrasado por la injusticia y la violencia. De ahí que la llamada del Papa a la Iglesia hoy vaya encaminada a formar entre los creyentes africanos embajadores de la paz y de la justicia, del amor y de la reconciliación. Es urgente y necesario que los cristianos trabajen por lograr este suelo, sin el cual se hará difícil erradicar las graves injusticias que les afligen y devolver la dignidad a sus gentes.

La Iglesia en Roma, solícita para con las Iglesias locales, no ha cerrado los ojos a la cruda realidad de muchas comunidades africanas, como se desprende del documento, en el que se analiza la realidad social, económica, cultural y religiosa de un continente vivo. Preocupa a la Iglesia la situación de la familia, la degradación de la mujer en muchos lugares, el papel de los jóvenes y los niños. Incide la exhortación en el valor de la vida, el respeto a los ecosistemas, así como a los inmigrantes y refugiados, un aspecto este común propiciado por las guerras que se libran en algunos países y que tienen como origen razones tribales.

Bien es verdad que el Papa echa mano de ese análisis que las Iglesias locales han realizado y asumido, pero lo más importante es haber apuntado objetivos claros, como han sido la propuesta clara para que la Palabra de Dios sea difundida, conocida y apreciada. Habla también el Papa de la necesidad de avanzar para una recuperación de la Liturgia como momento sagrado, precisamente en un lugar con un sentido de lo sagrado muy profundo, invitando a superar etnias y culturas en las celebraciones. Se anotan igualmente iniciativas para la reconciliación y la paz.

Pero hay un aspecto que se destaca y que en África adquiere particular significación. Y es el trabajo desde la Doctrina Social de la Iglesia por la formación de comunidades justas. Pueden ahí encontrar una importante guía que les ayude a una comprensión de los hechos y a una puesta en marcha de actuaciones que sirvan para buscar la reconciliación, la justicia y la paz, y establecer mecanismos para eliminar el hambre y las situaciones de injusticia consolidadas por sistemas corruptos, muchas veces alimentados por ámbitos políticos del Primer Mundo, que continúan saqueando el continente y abandonándolo a su suerte. La Iglesia tiene un deber importante de denuncia profética.

En el nº 2.780 de Vida Nueva – Del 10 al 16 de diciembre de 2011.

 

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