Mujeres e Iglesia, una asignatura pendiente

‘Encuentros Vida Nueva’ reúne a dos laicas y dos religiosas para analizar su papel en la sociedad y en la institución

Pino Jimenez Lucia Ramon Antonia Criado Dolores Aleixandre - Vida Nueva

Las cuatro mujeres que han participado en los 'Encuentros Vida Nueva'

JOSÉ LUIS CELADA. Fotos: SERGIO CUESTA | El libro de la teóloga y ecumenista Lucía Ramón Queremos el pan y las rosas. Emancipación de las mujeres y cristianismo (Ediciones HOAC) ha sido el “pretexto” para, junto a la autora, sentar a la misma mesa a la biblista Dolores Aleixandre, rscj; a la actual presidenta de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Mª del Pino Jiménez; y a la adoratriz Antonia Criado, en una nueva edición de ‘Encuentros Vida Nueva’.

Dos religiosas y dos laicas que, por espacio de casi dos horas, departieron animadamente sobre sus reivindicaciones eclesiales y sociales, la creciente y necesaria “insurgencia” de la mujer en ambos escenarios, la terrible lacra de la violencia machista y el desafío pastoral que supone para la Iglesia, o los ricos mensajes que nos deja la Sagrada Escritura en clave femenina.

Ahora, próximos al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) proclamado por la ONU, queremos compartir con nuestros lectores las reflexiones que propició aquel interesante debate, una iniciativa que ojalá contribuya a que todos –dentro y fuera de la Iglesia– nos sensibilicemos más y mejor con las mujeres y sus dignas aspiraciones.

Hablando sobre cómo se sienten cada una de ellas en el seno de la Iglesia, Antonia Criado, que ha trabajo en centros educativos, cárceles, con mujeres maltratadas, etc., asegura que ese es un ambiente donde “nadie se da tortazos. Normalmente se deja trabajar”.

Abrir el hueco

Pero admite que “donde sí tuve quizás algo más de problemas, hace ya años, fue a la hora de realizar tareas en la Iglesia a otros niveles. Por ejemplo, ir a ofrecerte a una parroquia para ayudar y responderme: ‘Pues mira, si quieres, te puedes ocupar de planchar los manteles, o les entonas los cantos para la misa a los niños”.

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El encuentro con las mujeres tuvo lugar en la sede de la redacción de Vida Nueva

“La tarea fundamental en la Iglesia la tiene la mujer laica; la tarea secundaria la tiene la religiosa”, opina la adoratriz, que, no obstante, niega tener tal preocupación: “Francamente, a lo largo de mi vida, me he preocupado muy poco de si me marginaban o no. Me he ido abriendo camino como he podido, desde abajo, haciendo lo que he podido, y nunca me he sentido excluida”.

“Hoy por hoy, lo que prima en la Iglesia es la indiferencia con respecto a la mujer”, considera Mª Pino Jiménez, presidenta de HOAC. “Mientras nos limitemos a hacer bien las cosas políticamente correctas, todo va bien. En cuanto empecemos con temas más polémicos, ahí sí encontraremos más oposición”.

Una experiencia de Iglesia más rica y más plena

Lucía Ramón, profesora en la Facultad de Teología de Valencia y en la Cátedra de las Tres Religiones de la Universidad Pública de dicha ciudad, se sabe una “privilegiada” y que su caso no es el común. “Cuando yo descubrí mi vocación teológica –describe–, busqué compañeros y compañeras de camino y referentes, y eso me abrió a todo el mundo del movimiento de mujeres dentro de la Iglesia y las distintas redes de mujeres que hay en España. Me he sentido muy privilegiada de poder vivir una experiencia de Iglesia más rica y más plena, de poder mirar la realidad con los dos ojos. Pero creo que no es mayoría. Y eso me da pena”.

“El problema es cómo encontrar accesos para un sector eclesial que está convencido de que todo está bien, como tiene que estar o como siempre se ha hecho”, opina, por su parte, Dolores Aleixandre. La religiosa se remite a la actitud de “asombro en gente de buena voluntad, incluso obispos, que les lleva a preguntarse: ‘¿Pero qué más quieren las mujeres?Tienen su función maternal, espiritual…’. Pero esa es su escapatoria”.

Aleixandre asegura que no es una cuestión de lucha de poder: “Debemos buscar una pedagogía para que el discurso que entre nosotras está tan claro sea válido para ellos. Y se trata de cómo tender puentes de diálogo que enseñen que el poder no es malo ni bueno, sino según lo uses”.

Iglesia y violencia de género

Otro de los temas que centró gran parte del debate fue la violencia contra las mujeres y si la Iglesia puede hacer algo más. “Es verdad que el brazo derecho de la Iglesia es Cáritas, y Cáritas está desbordada y al lado de los pobres. Pero que por un lado, Cáritas esté haciendo esto, y, por otro, la Iglesia jerárquica –en su ligurgia, en su esplendor, en su culto y en sus manifestaciones externas– esté dando esa otra imagen de prepotencia, d e poder, de tener…, para mí es una contradicción”, apunta Antonia Criado.

En su libro Queremos el pan y las rosas, Lucía Ramón también aborda este tema, advirtiendo que “la Iglesia tiene que comenzar a ser parte de al solución si quiere dejar de ser parte del problema”. En esa misma línea, durante el ‘Encuentro Vida Nueva’, la teóloga y madre de familia argumenta: “A mí lo que me preocupa, y es el primer paso que hay que dar como Iglesia, desde el discurso institucional, es visibilizar la realidad de las familias con sus contradicciones, hacer un discurso encarnado, porque ahora mismo, todo el discurso oficial de la Iglesia en torno a la familia es absolutamente ideal”.

Al hilo de la conversación, Dolores Aleixandre recordaba una anécdota que le sucedió en un acto público en el que participaban obispos: “Pregunté cómo se forma a los seminaristas para el trato con las mujeres, porque me da la impresión de que los nuevos que vienen otra vez están en posturas muy asimétricas, por decirlo con dulzura. Entonces, uno de los obispos me dijo que cuánto le extrañaba que dijera eso, cuando los sacerdotes nos tratan según nuestro ‘cometido propio’ y nuestra ‘dignidad peculiar’“.

“Le dije –seguía la biblista– que a mí me gustaría que la dignidad de las mujeres no fuera peculiar. Que fuera dignidad y punto. Ellos y nosotras. Y produje un gran malestar en la mesa. Ahí está la cuestión: la Igleisa ha generado un dialecto especial en lo que se refiere a las mujeres, con un lenguaje de parternal condescendencia. Ese es el salto que me pregunto por dónde abordar. Si a alguien se le ocurre… porque somos la Iglesia, pero no encontramos canales”.

Pliego íntegro, en el nº 2.777 de Vida Nueva.

 

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