La voz valiente del Papa en Alemania

EDITORIAL VIDA NUEVA | El papa Benedicto XVI ha visitado Alemania dentro de lo que ya puede considerarse el tour europeo de Ratzinger. Ha ido, como suele hacer, a reivindicar el papel de Dios en medio de la sociedad. No ha ido en calidad de político, preocupado a corto plazo por la situación socioeconómica europea. Ha ido como creyente, para confirmar en la fe a otros creyentes.

Ha puesto luz larga para que los problemas se solucionen más allá de las medidas concretas. Ha ido a poner a Dios en el corazón cansado de una vieja Europa que busca reinventarse a sí misma. Como sucedió en los años 50, ahora, al inicio del milenio, Benedicto XVI vuelve a poner la importancia de la religión en el concierto de las naciones.

Hoy, la religión aporta a la convivencia, a la paz y al progreso mucho más de lo que se puede imaginar, pese a las protestas que ya vienen siendo comunes en los países que visita y que tienen un denominador común: la excluyente postura de quienes se declaran abiertos a todo, excepto a un mensaje de trascendencia. Son los restos de una sociedad en declive.

El Papa ha sido valiente en su país natal, al que ha ido ya tres veces desde que accedió a la sede de Pedro. Ha sido valiente con los regímenes autoritarios, tomando como ejemplo el nazismo, una idelogía sin Dios, a quien quiso sustituir. Ha sido valiente con el diálogo intereligioso por el que ha apostado lejos de todo asomo de sincretismo. Ha sido valiente con el diálogo ecuménico siguiendo algunos lugares significativamente luteranos y apoyando toda iniciativa a la unidad que la Iglesia alemana viene manteniendo desde hace años.

Y ha sido valiente con la misma Iglesia en el discurso a los laicos que trabajan en la Iglesia alemana como agentes de pastoral. Ha sido este último discurso uno de los que han mostrado una mayor valentía en el reconocimiento de aquellas situaciones que pueden hacer que muchos cristianos abandonen la Iglesia, como ha sucedido en la vecina Austria. Se advertía un mensaje a la Iglesia austríaca; un mensaje desde la vecindad geográfica e histórica.

La Iglesia ha de reformarse desde adentro, alejándose de la institucionalización vacía, de la tentación política y de todo lo que le impida que luzca la verdad. El encuentro con algunas de las víctimas de la pederastia, escándalo que ha zarandeado muy fuertemente a la Iglesia tudesca, ha sido un gesto más de ese deseo de reforma del que habló en su discurso.

La valentía del Papa es clara y diáfana. A ello invitaba a la Iglesia en sus viajes y ha vuelto a hacerlo en Alemania, un país que se está situando referencialmente a la cabeza de Europa y en donde tienen eco muchas de las propuestas de regeneración europea. Hoy por hoy, Benedicto XVI es ya una referencia de pensamiento entre importantes líderes políticos europeos, con quienes mantiene encuentros en sus viajes, y cuyos discursos se basan fundamentalmente en la necesidad de un rearme moral en el que la religión tiene gran importancia.

Una llamada pues a un europeísmo que mira a sus raíces cristianas, un diálogo interreligioso que promueva la paz, un ecumenismo sano y una Iglesia que tiene que seguir renovándose a impulsos de su misma misión apostólica.

En el número 2.770 de Vida Nueva


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