Josep Maria Carbonell: “Los que creen que Cataluña está descristianizada, se equivocan”

Presidente de la Fundación Joan Maragall

JORDI LLISTERRI | El centro del Arzobispado de Barcelona dedicado al diálogo fe-cultura empieza este curso con un nuevo presidente; por primera vez, un laico. Josep Maria Carbonell protagoniza una sucesión tranquila en la Fundación Joan Maragall (FJM) tras los 22 años de presidencia del sacerdote Antoni Matabosch.

– El cardenal Jubany creó la FJM hace 22 años para impulsar el diálogo entre la fe y la cultura. Hoy el tema es el Patio de los Gentiles…

– Es que podemos decir que la Joan Maragall es una especie de Patio de los Gentiles antes de su formulación actual. La intuición fundamental que ya nos movió a los que participamos en su creación fue que el cristianismo tenía que tender puentes y dialogar con la cultura de nuestro país. El cristianismo siempre ha querido incidir y expresarse en el interior de las culturas. Venimos de la gran apertura al diálogo con la modernidad del Vaticano II. La FJM permanece en este espíritu conciliar de hacer que la problemática de la cultura y del pensamiento esté muy viva en el interior de la Iglesia.

– Esta experiencia de diálogo se produjo en un momento de fuerte vitalidad cultural cristiana. ¿Es la misma situación?

– Es cierto que, progresivamente, el cristianismo se esta situando más en los márgenes que en el centro de la cultura actual. Pero es muy importante tener presente a qué realidad nos enfrentamos hoy. La cultura hegemónica dominante en la sociedad occidental tiene una matriz triple: la del liberalismo, que insiste en la autonomía del sujeto y la individualización; la matriz que nace de la crítica a la modernidad y que representa el nihilismo sistemático o cínico; y, en tercer lugar, la mercantilización, las normas del mercado que han penetrado profundamente en las relaciones entre la persona y en el mundo cultural. Estas tres dimensiones se encuentran en las antípodas de lo que es el núcleo del mensaje del cristianismo. Así, se puede plantear hoy el catolicismo como un actor contracultural.

Reivindicar valores

– ¿Esto no puede llevarnos al gueto?

– En absoluto. No se trata de inmolarse; se trata de reivindicar los valores nucleares del catolicismo. A menudo, la búsqueda del bienestar material ha llevado a olvidarse que en la persona, la dimensión espiritual es fundamental. En cambio, si nos fijamos bien, el individualismo, el nihilismo o la mercantilización condicionan demasiado la educación, la cultura o las relaciones sociales. El catolicismo debe empezar a desmontar estos falsos ídolos. Y esto no se consigue reivindicando nostálgicamente el pasado, sino reivindicando las bienaventuranzas, el corazón del mensaje cristiano.

– ¿Cómo actúa en este contexto la FJM?

– En estos 22 años se ha ganado la credibilidad por las actividades, por las publicaciones, por su itinerario y por las personas que han colaborado con ella. En algunos sectores ya somos punto de referencia, pero, hoy, lo que nos toca es trabajar con mucha gente que quizá no se manifiesta creyente, pero que hace un análisis muy similar al nuestro. Muchos comparten la idea de que no se puede avanzar con una sociedad en estos niveles de individualismo tan sectario, que no podemos dejar que las reglas del mercado estructuren las relaciones sociales, ni podemos dejar que una anomia moral se imponga.

– ¿Hay referencias en otras capitales europeas con un trabajo similar?

– Esencialmente, nuestras relaciones han sido con dos centros de dos ciudades bastante parecidas a Barcelona: el Centro San Fedele, de Milán, y Le College des Bernardins, de París. Junto con el Centro de Marsella, la relación estable y fuerte que hemos mantenido con ellos nos hace creer que un camino de futuro es la creación de un centro cultural en un lugar emblemático de la ciudad. Se trata de avanzar hacia un espacio de diálogo, de encuentro, de conferencias, de exposiciones, de arte… en el que se encuentren creyentes y no creyentes. Esto también nos permitiría ganar visibilidad pública.

– ¿Les preocupa esta presencia pública?

– Es que no es un problema que afecte solo a la FJM. Afecta a un tipo de catolicismo conciliar y dialogante que ha perdido una cierta visibilidad en la esfera pública.

– ¿En Cataluña es más difícil?

– Hay unos tópicos que no se ajustan a la realidad. El catolicismo en Cataluña es una realidad muy viva, con una red de parroquias activas, con una actividad social insustituible, con más de 400 escuelas cristianas, con los centros universitarios de más prestigio de titularidad católica… Los que creen que Cataluña está descristianizada, se equivocan.

En el nº 2.769 de Vida Nueva (entrevista íntegra para suscriptores).