Rubén Darío Salazar: “La Iglesia tiene la obligación de participar en política”

Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia

JIMMY ESCOBAR G. BOGOTÁ | Absolutamente claro y sin ambages se expresa, en diálogo con Vida Nueva, Rubén Darío Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC). No tiene dudas de la intervención que ha de tener la Iglesia en la vida política del país ni vacila a la hora de señalar los puntos negros del manejo oficial en temas tan sensibles para los colombianos como la salud, la educación o el decisivo momento electoral (las elecciones presidenciales son el 30 de mayo), sobre el que tampoco duda al manifestar que a la Iglesia le interesa mucho iluminar la conciencia política de los colombianos.

La intervención de la Iglesia en política, ¿hasta dónde va y qué límites tiene?

Tenemos muy claro el campo de la política. Si por política entendemos el bien común y lo que conviene verdaderamente a una democracia como Colombia, no sólo tenemos el derecho, sino la obligación, de participar en política. La Iglesia tiene el derecho a orientar las conciencias y no solamente de hacerlo en privado a los católicos, sino también en público para todos los hombres de buena voluntad. Tenemos la obligación de exponer nuestros puntos de vista en el campo de los principios que deben animar la vida política y no en el campo de las decisiones que deben tomar los electores. Me explico: no podemos entrar a decir: ‘Vote por el político X’ o ‘vote por el candidato Y’; ni nos corresponde meternos a apoyar a X, Y o Z programa… Hay que distinguir muy bien en ese campo.

¿Cómo han quedado las relaciones con el presidente Uribe después de su último diálogo?

No pueden ser mejores. Él respeta profundamente a la Iglesia y está siempre dispuesto al diálogo con ella. De hecho, siempre que lo hemos invitado a la CEC ha venido, incluso dejando otros compromisos que podrían ser más importantes desde el punto de vista político. Ese deseo del presidente Uribe es lo que hace que nosotros también sintamos el deseo de hablar con él, de presentarle también nuestras preocupaciones, porque, indudablemente, la situación del país no deja de ser difícil. Sabemos que él hace esfuerzos para mejorar, para que Colombia despegue definitivamente por el camino de la paz, pero la situación es demasiado compleja como para que pueda solucionarse rápida y fácilmente.

Bicentenario

¿Cuál era la intención del Episcopado al hablar el pasado febrero con Uribe?

Ambos queríamos vernos y compartir ciertas preocupaciones. Fue algo que hizo posible un encuentro muy cordial, muy afable. Fueron dos horas en las que el presidente permitió que le expusiéramos nuestras preocupaciones, como la participación de la Iglesia en la celebración del Bicentenario, ya que ésta no tuvo un papel sólo en la gesta emancipadora, sino también en todo el proceso de constitución de la República a lo largo de estos dos siglos. Nosotros tenemos que defender ese papel fundante de la Iglesia en nuestra nacionalidad. Fueron inquietudes que el señor presidente acogió con muy buena voluntad de llegar a compromisos importantes. Por ejemplo, aclaramos muchos puntos sobre la reforma de la salud. En general, se vio la bondad de una serie de medidas que el Gobierno está tomando, como el deseo de nacionalizar la prestación de salud y de universalizarla para que todos tengan acceso a ella.Rubén Salazar

¿Qué preocupa más al clero: el tema político o el de la salud?

Es que el tema político tiene que ver, en este momento sobre todo, con el proceso electoral, que no deja de ser un tema importante, y nosotros sentimos la necesidad de iluminarlo con nuestro aporte. Pero hay otros aspectos que no podemos descuidar, como la salud o la educación. Por ejemplo, el presidente hablaba de que se están construyendo 50 megacolegios en el país, y a mí me consta que en Barranquilla se han construido y se siguen construyendo, y que la cobertura es casi total. Pero la preocupación es la calidad de la educación, porque no basta haber hecho Primaria y Escuela Media, no basta con la cobertura. Nos preocupa sobre todo la educación en valores. Parece que muchos colegios definitivamente han suprimido la ética, la moral y todo tipo de educación religiosa, lo cual crea una sociedad sin Dios, que también es crear una sociedad sin ley. Entonces empezamos a notar esa descomposición en los barrios populares, donde la delincuencia se incrementa, precisamente, porque la educación no les está dando a los jóvenes las herramientas necesarias para que crezcan con una conciencia clara acerca de los valores fundamentales que deben manejar en su vida.

Tendencia al relativismo

¿A qué atribuye esa tendencia?

Es un poco una moda mundial. Estamos viviendo una tendencia muy fuerte al relativismo en todos los campos. Por tanto, se tiende a suprimir toda dimensión pública de la religión, a suprimir unos valores absolutos que toda persona debía tener, y se impone ese pensamiento, que apareció en la Constitución de 1991, en donde se habla del libre desarrollo de la personalidad. Eso se entiende a veces como que al niño no se le pueden dar normas o reglas, ni se le puede crear conciencia con unos valores determinados, que hay que dejar que la gente crezca como se le ocurra; y entonces viene el libertinaje sexual y que lo importante es usar condones para que no haya embarazos de adolescentes. Resulta que lo importante no es una educación en la afectividad, la sexualidad y la vida verdaderamente de amor, sino simplemente que se eviten enfermedades sexuales. O en el caso de la droga, si el tipo decide fumar marihuana o consumir cocaína, es libre de hacerlo… Hay un conflicto en la sociedad que no es fácil, y esto repercute en la educación, y eso nos preocupa muchísimo.

Siempre ha considerado inconveniente el tercer período presidencial. ¿Por qué?

Lo dijimos con claridad: en una democracia en la que las personas se perpetúen no convienen “hombres fuertes” como insustituibles, irremplazables. Una democracia se maneja fundamentalmente con instituciones fuertes. Lo que hay que robustecer son las instituciones, porque cuando éstas son fuertes, el país camina. ¿Quién de nosotros sabe quién es el presidente de Suiza o el primer ministro de Noruega? Pero son países que funcionan maravillosamente como democracias. Porque allí hay una alternancia de personas y son las instituciones las que verdaderamente hacen posible que el país funcione. Nosotros somos conscientes de que Colombia es todavía una democracia joven, que se está haciendo, así que, con mayor razón, pensamos que no conviene que se creen figuras insustituibles sin las cuales prácticamente se colapsa el país. No, lo que tenemos que hacer es fortalecer todas nuestras instituciones, los partidos políticos, el Congreso, el sistema electoral, las Cortes y todo lo que dentro del Estado permita que éste funcione.

¿Qué mensaje del Episcopado es importante ahora para los colombianos?

El de la responsabilidad. Cada colombiano tiene que sentirse plenamente responsable de la patria, tiene que saber que, con su voto, está contribuyendo al bien o al mal del país y, por tanto, tiene que tomarse la tarea de revisar los programas de gobierno de los candidatos, de analizar propuestas, de ver plataformas políticas, porque no podemos seguir diciendo ‘éste me cae mal, éste me cae bien…’, ni mucho menos dejarse comprar por algo.

En el nº 2.708 de Vida Nueva.

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