El desierto y el Antiguo Testamento

“Señor, condúceme por el camino de la salvación”

vn2650_pliego-portadab(Enrique Sanz Giménez-Rico, SJ- Profesor de Sagrada Escritura en la Universidad Pontificia Comillas y director de la revista Sal Terrae) El 25 de febrero, Miércoles de Ceniza, iniciábamos un año más el camino cuaresmal, un tiempo de desierto que expresa el paso de la noche (muerte) a la luz y la vida (resurrección). Lejos de la ascesis y radicalidad que ese desierto siempre ha encarnado, aunque sin minusvalorar el influjo de aquel importante movimiento monacal del siglo IV, estas páginas quieren detenerse en el valor y sentido que tiene dicho espacio en la Sagrada Escritura, fundamentalmente en el Antiguo Testamento. Porque el desierto es el lugar de la prueba, pero, sobre todo, de la gratuidad y la justificación de Dios.

Pliego íntegro, en el nº 2.650 de Vida Nueva (del 28 de febrero al 6 de marzo de 2009).